Vigilantes

7702_abogado-penalTenemos suficientes motivos para querer ignorar las noticias.  Guerras en buena parte del mundo, hambre, migraciones, violencia y asesinatos.  Los líderes políticos no animan mucho que digamos. A pesar de los esfuerzos, el cuidado de los recursos naturales no es una prioridad. Y las religiones parecen no aportar muchas soluciones. En casos extremos, pueden ser fuente de fanatismo y odio.

Una persona sensata nos puede invitar a ver otra parte de la realidad.  Hay mucha gente que tiene trabajo. El voluntariado sigue vigente en jóvenes y adultos (sí, aquellos que deciden compartir con otros, sin cobrar un centavo).  La tecnología y la ciencia están buscando soluciones. La erradicación de los problemas mundiales están en agenda para muchos países. Entonces ¿está el vaso medio vacío o medio lleno? Depende del lado que estemos trabajando.medio lleno medio vacio

El profeta Isaías nos habla de aquellos que se han extraviado del camino, los que han endurecido el corazón. Son los que se marchitan, los que no dan fruto.  Los indiferentes, los que viven solamente para sí mismos y cierran sus ojos a los demás.  Es muy fácil olvidarnos del mundo que existe fuera de casa.  Fijar la mirada exclusivamente en celulares, tablets y pantallas.  Ya sabemos que un tuit contra la pobreza no es solidaridad si no va acompañado de una acción concreta. Le gustaría ayudar a los necesitados. Ya les di un like

La invitación en adviento nos sitúa del otro lado de los indiferentes.  Es cierto que “yo solo no puedo cambiar el mundo”, pero no podemos dejar de hacer el bien en la parte del mundo que nos corresponde.  Decidimos si propiciamos la guerra en el hogar o si buscamos soluciones para pacificarnos. Decidimos si gastamos el aguinaldo exclusivamente en nosotros o si compartimos con otros que necesitan. Decidimos si las malas noticias son motivo de eterno agobio o momento para buscar nuevas fuerzas para seguir luchando.

Ser vigilante es no rendirse ante las malas noticias, por abundantes que sean.  Es luchar por la vida, aunque las estadísticas hablen de muerte. Es apostar por el perdón y no resignarnos a odiar, incluso teniendo razones válidas para hacerlo. Permanecer vigilante es ser luz en medio de cualquier oscuridad.  Es mantener encendida la llama de la esperanza y no ceder a la desesperación. 31177_120192511353574_101831186523040_107375_1524364_n

Este tiempo es propicio para repensar. ¿Estamos dormidos, aletargados, somnolientos? ¿O estamos despiertos, vigilantes y espabilados? La lectura dominical nos invita a estar en vela.  Atentos.  Es probable que decidamos decorar la casa, colocar luces y adornos especiales. Hagamos lo mismo con el corazón y con la familia: decoremos con las buenas obras, coloquemos la luz de la generosidad y adornemos con la belleza de la esperanza.

Primer Domingo del Tiempo de Adviento

Lecturas Dominicales I Domingo Adviento 

CONFESARSE EN PLENO SIGLO XXI

COnfessionCarEso de acercarse a un sacerdote para compartirle las cosas malas que he hecho y mis debilidades no suena tan fácil que digamos.  Confesarse suena difícil.  De hecho la solución fácil es no confesarse. Pero ¿será eso una solución o tan solo una excusa?

Algunos hemos experimentado eso de dejar caer el peso de nuestros hombros.  Librarnos de culpas y tristezas no es algo tan pasado de moda.  De hecho, la psicología nos invita a entrar en armonía con nuestra historia.  Al parecer, buscar la paz no es del todo tan mala idea.  ¿Qué hago entonces?imagescapezzo5

Lo primero, actualizar mi vocabulario.  Desde hace un tiempo en la Iglesia se emplea la palabra “reconciliación” para hablar del sacramento que hemos conocido como “confesión”. ¿Por qué la nueva palabra?  Porque el término confesión pone el centro en los pecados, el eje ha sido “vomitar” mis debilidades, mientras que “reconciliación” ubica el perdón de Dios y su amor como la clave de ese momento.

Cuando hemos tenido duras jornadas nuestro cuerpo suda y acumula suciedad.  Lo común es  bañarnos para solucionarlo.  También tenemos momentos de debilidad, situaciones en las que nos hacemos daño e incluso lastimamos a las personas que están a nuestro alrededor. Es nuestro interior el que sale herido y necesitamos algún tipo de limpieza. Hemos pecado y justamente necesitamos reconciliación.

3718830750_a0d4c4d4a2Para acercarnos a ese momento necesitamos dos actitudes: humildad y deseo de cambiar.

La humildad nos dice que algo no anda bien y debemos hacer algo para que eso cambie.  Se opone al orgullo, que aplasta cualquier intento de mejorar, con el pretexto de que tengo todo bajo control y se debe hacer a mi manera.  El deseo de cambiar es el motor que empuja a transformar lo que no da vida. Cambiar el mal por el bien.  En el lenguaje clásico nos referimos a la “conversión”.

Sin estas dos actitudes tendré un sinfín de pretextos para no acercarme a la reconciliación.  Evito verme interiormente, por temor a lo que pueda encontrar.  Evito pedir perdón a quien he fallado.  Repito la imagen de Adán y Eva que se esconden de Dios porque sienten vergüenza.  Pero reconciliarme me devuelve el perdón y la paz que he perdido.  Es experimentar sanar las heridas internas.  Expulsar lo que ha distorsionado lo mejor de mí y recuperar con ello la tranquilidad personal.14708_confesion

Por todo ello, busco la reconciliación.  Pido perdón y recupero la alegría que el pecado me había robado.