El Papa Francisco

 

o-POPE-ROLLING-STONE-570Un “joven” de 78 años está rejuveneciendo la Iglesia Católica.  Es la historia de un hombre que se hace grande haciéndose pequeño.  Un Papa que sabe a abuelo, pero no de esos aburridos y regañones, sino de los que siempre tienen algo alegre para compartir, una sonrisa para brindar y una enseñanza para aprender.  Es el Papa de los abrazos, el Papa cercano, el Papa de todos nosotros.  Francisco-22

 

Su espontaneidad pone de cabeza a los guardias de seguridad.  Sus chistes y cómicas salidas lo vuelven desenfadado.  Su sencillez llama la atención de muchos.  ¿Qué tiene ese hombre que hace ponerse de pie al pleno de la ONU para aplaudirle? ¿Qué es lo que hace para convertirse en líder mundial, más allá de las fronteras de la Iglesia que preside? ¿Por qué provoca las lágrimas igual de un niño brasileño que del presidente del Congreso norteamericano? 10533906_10203112206755988_7813545738564962265_n

 

He pensado en tres puntos.

 

  1. PROFUNDA HUMANIDAD  Estamos ante un hombre que no ha olvidado que es ser humano.  Francisco toca a la gente, se acerca a ella, no tiene asco alguno ante el prójimo.  Aunque está en lo más alto de la jerarquía, no es insensible.  Recuerda la lección del Maestro que dijo que viene a servir y no a ser servido.  En su agenda ha colocado al que sufre, al olvidado, al pobre… e invita a todos a hacerse cargo, a colaborar, a no ser indiferentes. Y algo más: actúa sin detenerse a preguntar si son o no son de los que creen o piensan igual que él.  Es el Papa destruye fronteras.  filecdn
  2. LENGUAJE COMPRENSIBLE  Es interesante que no usa discurso religioso fuera de los templos.  Muchos se rasgaron las vestiduras cuando cayeron en cuenta que no empleó la palabra “Jesús” en su intervención ante los congresistas.  Sin embargo, todo lo que dijo fue buena noticia.  Supo a Evangelio puro, consuelo para el que sufre y denuncia para el que ha perdido el camino.  Francisco habla al corazón y es por eso que todos lo comprenden.  Obama le dijo: “usted despierta nuestras conciencias”.  Recordemos que la conciencia -creemos- es la voz de Dios en nuestro interior.  f_2015-04-03_59
  3. COHERENCIA DE VIDA  No es que sea un hombre perfecto. Pero, como muy pocos líderes en el mundo, tiene autoridad moral para cuestionar e interpelar. Su austeridad confunde a los todopoderosos, la compasión devuelve la dignidad a los que sufren, su interés por el cuidado de “la casa de todos” (el mundo) lo conecta con las preocupaciones globales. papa time El cargo y liderazgo que posee no lo ha empleado para sí mismo, sino para los demás.  Y muchos lo están reconociendo.  Insisto, fuera y dentro de la Iglesia Católica.  548b6d9064eb6

 

En marzo del 2013, en medio del cónclave que elegiría a Bergoglio, señalaba en mi blog que me gustaría contar con un Papa más parecido a un amigo de mi barrio, que a un soberano monarca (http://www.padrebryan.com/?p=733), que escuchara a los grupos minoritarios, que supiera mostrar la solidaridad, el respeto y el perdón.   No dudo que Dios me ha escuchado.  Y se ha esmerado con el líder que ha regalado.

 

papa-francisco-jovenesAhora, le pido, que la lucha no la realice él solo.  Que muchos nos pongamos la mano en la conciencia y realmente colaboremos con el mundo que todos queremos.  Ya hemos dado admiración y aplausos al Papa Francisco. Ahora toca ayudar.  Es tiempo propicio.  El mundo no va a cambiar si solo un hombre quiere cambiarlo, aunque sea el Papa.  Es nuestra responsabilidad con la historia y con las generaciones siguientes. Francisco está hablando y actuando. Ve y haz tú lo mismo.

CONFESARSE EN PLENO SIGLO XXI

COnfessionCarEso de acercarse a un sacerdote para compartirle las cosas malas que he hecho y mis debilidades no suena tan fácil que digamos.  Confesarse suena difícil.  De hecho la solución fácil es no confesarse. Pero ¿será eso una solución o tan solo una excusa?

Algunos hemos experimentado eso de dejar caer el peso de nuestros hombros.  Librarnos de culpas y tristezas no es algo tan pasado de moda.  De hecho, la psicología nos invita a entrar en armonía con nuestra historia.  Al parecer, buscar la paz no es del todo tan mala idea.  ¿Qué hago entonces?imagescapezzo5

Lo primero, actualizar mi vocabulario.  Desde hace un tiempo en la Iglesia se emplea la palabra “reconciliación” para hablar del sacramento que hemos conocido como “confesión”. ¿Por qué la nueva palabra?  Porque el término confesión pone el centro en los pecados, el eje ha sido “vomitar” mis debilidades, mientras que “reconciliación” ubica el perdón de Dios y su amor como la clave de ese momento.

Cuando hemos tenido duras jornadas nuestro cuerpo suda y acumula suciedad.  Lo común es  bañarnos para solucionarlo.  También tenemos momentos de debilidad, situaciones en las que nos hacemos daño e incluso lastimamos a las personas que están a nuestro alrededor. Es nuestro interior el que sale herido y necesitamos algún tipo de limpieza. Hemos pecado y justamente necesitamos reconciliación.

3718830750_a0d4c4d4a2Para acercarnos a ese momento necesitamos dos actitudes: humildad y deseo de cambiar.

La humildad nos dice que algo no anda bien y debemos hacer algo para que eso cambie.  Se opone al orgullo, que aplasta cualquier intento de mejorar, con el pretexto de que tengo todo bajo control y se debe hacer a mi manera.  El deseo de cambiar es el motor que empuja a transformar lo que no da vida. Cambiar el mal por el bien.  En el lenguaje clásico nos referimos a la “conversión”.

Sin estas dos actitudes tendré un sinfín de pretextos para no acercarme a la reconciliación.  Evito verme interiormente, por temor a lo que pueda encontrar.  Evito pedir perdón a quien he fallado.  Repito la imagen de Adán y Eva que se esconden de Dios porque sienten vergüenza.  Pero reconciliarme me devuelve el perdón y la paz que he perdido.  Es experimentar sanar las heridas internas.  Expulsar lo que ha distorsionado lo mejor de mí y recuperar con ello la tranquilidad personal.14708_confesion

Por todo ello, busco la reconciliación.  Pido perdón y recupero la alegría que el pecado me había robado.

¿Dónde están los que se suicidan?

frutrsacionokUn familiar, un amigo, se ha suicidado.  Ha decidido poner fin a su existencia.  Al dolor de la muerte hay que agregar el dolor de la impotencia, la frustración, el enojo que esta situación puede acarrear.  Surgen infinidad de preguntas y el abismo se abre paso en la propia vida, hundiendo todo a su paso.

Entre esas preguntas hay un planteamiento que debemos abordar desde la fe: ¿Dónde están los que se suicidan? ¿Qué pasa con ellos? ¿Merecen el castigo de Dios? ¿Están en el infierno?

MIEDO-3Para acercarnos a ese tema, debo antes dejar en claro un término: pastoral del miedo.

La pastoral del miedo ha sido durante mucho tiempo una actitud errónea para lograr la conversión, adhesión y fidelidad de los creyentes.  Historias terroríficas de condenados, demonios con olor a azufre, infierno de aceite hirviendo en espera de los que no guardaran la fe.  El fin era bueno, pero los medios no tanto.  Quisiera decir que en el Siglo XXI se ha superado dicha actitud, pero desgraciadamente aún permanece en la memoria colectiva fuertes marcas de la pastoral del miedo. Hay iglesias y pastores que engrosan sus filas amenazando con esta actitud.

35433_134225453271745_133228760038081_270741_2697385_nLa pastoral del miedo no logra creyentes maduros, sino servidores atemorizados.  No se sigue a Dios por amor, sino por pánico.  No se acerca a la Iglesia por atracción para dar vida, sino para cumplir ciegamente una ley para evitar el castigo.  Esta actitud se parece más a los fariseos del Evangelio[1] que al padre misericordioso que abre los brazos al hijo que consideraba perdido[2].

Ha sido la pastoral del miedo la que empujó durante mucho tiempo a cerrar las puertas a los que se suicidaron, incluso los cementerios e iglesias.  Es la pastoral del miedo la que sigue anunciando fuego y castigo eterno.  Técnicamente el miedo serviría de freno de mano para aquel que intentara suicidarse.  Ya vemos que no es cierto. 580392_435457733158119_1146780549_n

 

 

¿Qué podemos, entonces, decir hoy? Lo primero, es que todos seguimos en las manos de Dios[3].  Que nadie tiene el derecho de ocupar su lugar para criticar, juzgar, o peor aún, condenar[4].  Segundo, el que se suicida sigue siendo un hijo de Dios y aunque haya realizado un acto de tal magnitud es Dios quien conoce sus motivaciones últimas.  Tercero, si se ha derramado la sangre de Jesús por la salvación de los pecadores, ¿por qué habría de negarse dicha salvación a estos hermanos? ¿Es más grande la debilidad de los que caminaron esa senda que el amor de Dios? De ninguna manera.

10440805_10154844124645597_6997374044070394640_nLa imagen del Dios castigador ha sido superada desde hace mucho tiempo.  Aunque en la Palabra de Dios leamos pasajes en los que se refiere a dicha imagen divina, hemos de recordar que Dios nos da el intelecto para que progresemos en el conocimiento de su amor y su voluntad.  En alguna parte de la Biblia se acepta la esclavitud y se pide apedrear a quien comete adulterio. Esto es hoy inaceptable para cualquier iglesia que se considere seria. Hemos de madurar entonces nuestra fe, e ir compartiendo la imagen de Dios que nos da Jesús: un padre amoroso.

padre-hijo-1Este padre amoroso es el que se transparenta en el Evangelio.  Recordemos el pasaje de la mujer adúltera de Juan 8.  Aunque para los que le llevan a presencia de Jesús había razones válidas para apedrearla y darle muerte, según la ley que ellos profesaban y el contexto en que vivían, la actitud de Jesús no es condenatoria.  Al contrario, no solo no la juzga, sino que le da una nueva oportunidad.  Y no solo a ella, sino también a los que llevaban piedras en la mano.  Ojalá aprovechemos hoy esta oportunidad: primero, alejarnos del juicio, la crítica, el cuestionamiento ante quien se suicida y su familia.  Y segundo, confiar con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, en la misericordia de Dios.

¿Dónde están los que se suicidan? En las manos de Dios.

 

Notas:

[1] Jesús en Mateo 23, 13 dice  “¡ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes cierran a la gente el Reino de los Cielos. No entran ustedes, ni dejan entrar a los que querrían hacerlo.” Y más adelante en el versículo 27 vuelve a insistir:  “ Ustedes pagan el diezmo hasta sobre la menta, el anís y el comino, pero no cumplen la Ley en lo que realmente tiene peso: la justicia, la misericordia y la fe. Ahí está lo que ustedes debían poner por obra, sin descartar lo otro

[2] La parábola del Padre Misericordioso (antes llamada “del hijo pródigo”)  la encontramos en Lucas 15, 11-32

[3] Para hablar de la imagen amorosa de Dios, podemos citar los siguientes textos:  Isaías 49, 15; Juan 3, 16; 1Carta de Juan 4, 6-11

[4] El apóstol Santiago nos dice “Hermanos, no se critiquen unos a otros. El que habla mal de un hermano o se hace su juez, habla contra la Ley y se hace juez de la Ley. Pero a ti, que juzgas a la Ley, ¿te corresponde juzgar a la Ley o cumplirla? Uno solo es juez: Aquel que hizo la Ley y que pude salvar y condenar. Pero, ¿quién eres tú para juzgar al prójimo?”  St. 4, 11-12

 

El Suicidio de un familiar

SoledadCuando el suicidio toca la familia, parece que la muerte no se acaba con el funeral y el entierro del ser querido.  Todo, absolutamente todo, se ve impregnado de dolor, angustia y tristeza.  Por ser un momento tan fuerte en la existencia, por debilitarnos tanto, por disminuir abruptamente nuestras fuerzas físicas, mentales y espirituales, nos volvemos en blanco fácil de la tentación.

Una primera tentación es la culpa: ¿Por qué no hice nada? ¿Por qué no lo pude evitar? ¿Por qué no vi a tiempo esta amenaza? Hemos de aclarar que la culpa no viene de Dios: la culpabilidad es el martillo del mal espíritu, que hunde nuestra existencia.  Y lo que es peor, gasta tanto nuestra fuerza, que entorpece la vista para buscar una salida.  ¿Qué hago? Lo que hago ante cualquier tentación cuando aparece: huyo y pido a Dios fuerzas para salir de ahí.  Si quiero sustituir la culpabilidad, puedo emplear la responsabilidad: mis fuerzas serán empleadas para ayudar a otras personas.  Mi salvación la puedo encontrar sirviendo a otros. Hacer el bien ayuda a cicatrizar el corazón. Cabe aclarar que para llegar a este punto, antes he de permitirme ser ayudado. Nadie puede dar a otro lo que no ha recibido previamente.culpa_800x669

Otra tentación es sentir que mi vida también se ha perdido.  No soy digno de estar vivo si mi hijo se ha quitado la vida.  Mi rumbo se tuerce, el horizonte se nubla y la tormenta se ha instalado de manera definitiva.  Sin embargo, sin quererlo, estoy tomando el mismo camino de aquel que se ha suicidado.  La mejor forma de honrar a aquellos que hemos perdido es tener una vida digna.  Mi hogar, mi familia, los sobrevivientes del suicidio de un ser querido, necesitan luz, no tinieblas.  El poder de la muerte debe encontrar un “alto” desde la fe y la esperanza.  No es posible que el dolor sea más grande que el amor, no podemos permitir que la tristeza venza las ganas de vivir.  Retomar el camino de la vida, cicatrizando poco a poco las heridas, es el mejor homenaje que podemos dar a Dios y a los que amamos.

Enojado 2Una tercera tentación es echar por la borda mis creencias y pelearme -oficialmente o no- con Dios.  ¿Qué sentido tiene todo esto si no pudo evitar una tragedia como la que he vivido? Sin embargo esta lógica es engañosa.  La fe no sirve para evitar las tormentas, sino para tener paraguas en medio de ellas.  Dios no evita el sufrimiento, la lógica de la cruz no es la anestesia que quita el dolor. La cruz significa la solidaridad de Dios mismo, que vive con nosotros las dificultades y la amargura y promete el consuelo en esta vida y la plenitud al final.  A veces es natural reclamar a Dios: es la oración que nace de un corazón dolido y golpeado.  Puedo suponer que la respuesta sería algo como: “Ten paciencia, la marea tarde o temprano va a volver a retomar su curso. Intenta confiar en mí”.Ateismo

Repito: es natural que en algún momento brote el enojo con Dios.  El corazón puede dejarse guiar por el resentimiento, la ira y la desesperación.  Hay que tener cuidado de no caer en rigorismos morales y con ello abrirle paso nuevamente a la culpa, que solo carcome la conciencia y no permite cicatrizar adecuadamente. ¿Qué hacer? Pensar que no hay terremoto eterno.  Tener como convicción que luego de la tormenta vuelve la calma.  Dios va a estar siempre ahí, esperando.  Sin talonario de facturas pendientes.  Sin ánimos de cobrarnos los errores que hemos cometido.  Al contrario, con los brazos siempre abiertos y dispuesto a recibirnos nuevamente en casa.aceptar-y-no-negar-la-realidad

Una tentación más sería alejarme de toda realidad, desconectarme del entorno, fingir que nunca ha sucedido, e incluso, evitar cualquier situación que suponga abordar el tema.   Es un mecanismo de defensa que se llama “negación”.  Recordemos: cuando éramos niños y nos caímos al aprender a usar la bicicleta, juramos no volver a montarla.  Cuando alguien se acercó a limpiar la herida sangrante, lloramos y queríamos evitarlo.  Pero cuando no se limpia y ventila una herida, simplemente llega la infección y duplica los problemas.  En el duelo sucede lo mismo.  Dar la espalda a la situación, intentar alejarnos de la realidad nunca lo solucionará. Al principio prolongará la dificultad, pero luego lo reprimido retornará de manera perjudicial.  ¿La solución? Hablarlo, compartirlo, ventilarlo.  Esforzarse por no perder la paz en el corazón.  Aunque duela, una herida tratada cicatriza más rápidamente.Hope-vs-Faith

Cuando nos enfrentamos a la muerte, hay que protegernos con las armaduras que nos da el Dios de la vida.  Acercarse a Él, alimentarnos con su Palabra de manera continua, buscar grupos de apoyo, sujetarse de la comunidad creyente… hay muchas alternativas para salir adelante…  No podemos darnos el lujo de morir con nuestros seres queridos.  La esperanza nos dice que vendrá un día en que volveremos a vernos y compartiremos con alegría.  Mientras ese tiempo llega, sigamos defendiendo la vida: la nuestra y la de nuestra familia.  Aunque nos enfrentemos a la dureza de la muerte, seamos siempre bendición y luz. Dignos hijos del Padre que está en los cielos.1273986092426_f

Mi hijo me ha dicho que es homosexual

Mi hijo es homosexual y no sé qué hacer.  El mundo ha girado violentamente a mi alrededor y no encuentro de dónde sujetarme.  Experimento impotencia, enojo, tristeza, confusión y temor.  Sigo amando a mi hijo, pero creo que no puedo sostener lo que siento sobre mis hombros. ¿Qué hago?

Vamos por partes.

  1. Todo intento por buscar culpables es estéril. Nadie “decide” su orientación. No es cuestión de “buenos” y “malos”.
  2. Infórmate: desde hace muchos años se ha dejado de considerar a la homosexualidad como enfermedad.
  3. El centro de la situación es tu hijo. No son tus dificultades las que deben ir antes que las suyas. La sociedad puede esperar, el “qué dirán” no puede estar por encima del amor que sientes por tu hijo.
  4. Si ha logrado compartir contigo su orientación homosexual es porque confía en ti y está en tus manos ayudarle a sostenerse o permitir que se hunda. La familia es apoyo emocional, afectivo y psicológico.  En un momento como este, lo necesita más que nunca.
  5. Tu hijo no necesita quien lo señale, quien lo condene, quien lo juzgue. Necesita alguien en quien confiar, a quien abrir su corazón.  Si tú no lo haces en casa lo buscará fuera, corriendo el riesgo de caer en manos equivocadas.
  6. Enojarte, castigarle y negar la situación no soluciona nada. Escucharle y esforzarte por comprenderle es un excelente primer paso. Habla, comparte, manifiesta lo que sientes.  La comunicación es vital.
  7. Aunque muchas cosas te duelan y choquen con todo lo que has aprendido, deberás ahora hacer síntesis y caminar una senda hasta hoy desconocida. La paciencia y la humildad te ayudarán. Por el contrario, el orgullo y la soberbia solamente te estropearán.
  8. La discriminación es el arma más silenciosa y letal contra tu hijo.  Sentirse de segunda categoría, imaginarse anormal o experimentarse señalado injustamente por los demás solamente logrará golpear su autoestima.
  9. El rechazo es el asesinato social. La homofobia, en cualquiera de sus manifestaciones, debe ser combatida.
  10. El amor es la mejor forma de apoyar a tu hijo. Recuerda siempre que Dios es amor. Él te ha creado a ti y a tu hijo. Aunque en este momento no tengas todas las respuestas que quisieras, permanecemos en sus manos.  Toca confiar y seguir adelante.

La homosexualidad, como orientación sexual, debe encausarse.  Hay dos extremos, que son peligrosos.  El primero de ellos es la represión.  Ahogar el tema, silenciarlo, acallarlo, para guardar las apariencias, únicamente logrará el efecto explosión en poco o largo tiempo. Por otro lado, también existe el riesgo de caer en el cinismo y volver el tema de la homosexualidad el centro de la vida, el eje vertebrador de la propia existencia.  El reprimido vive infeliz y contagia su infelicidad.  El cínico restriega a los demás su orientación y la saca de quicio. ¿Cuál es el  justo medio? La persona que sabe aceptarse y reconocerse como tal, con paz. Aquella persona que no hace de su sexualidad un ídolo.  Este justo medio, de manera interesante, es el mismo para la persona con orientación heterosexual.  Como padre, conviene ayudar a caminar a tu hijo por el mejor de los caminos.  Una vez más necesita de ti y lo que hagas será vital para ayudarle.  El camino de la comprensión y la comunicación es la mejor alternativa.

La familia: genes y gérmenes

imagesPara el recién nacido, son todo. Para el niño, héroes. Para el adolescente, esos adultos invasores de mi privacidad. Para el joven, los viejos que no comprenden mi espacio vital y coartan mi libertad. Para los que tienen hijos recién nacidos, los abuelos que pueden ayudar como niñeras. Para los maduros son el diccionario ante las dudas de la vida.

Todos venimos de una familia. No se salva uno de tener padre y madre. Estén o no presentes en la historia, son personas que marcan nuestro ser desde antes que nazcamos. De ellos aprendemos todo, cosas buenas y malas. Cómo alimentarnos, qué palabras usar, cómo vestir, cómo defenderse. Nadie nace sabiendo bendecir o maldecir. De ahí la importancia de la familia, como centro de aprendizaje.

Aunque no decidimos en qué familia nacemos, sí podemos luchar por el tipo de familia que deseamos. Hay condiciones que recibimos de ellos que nos ayudan a ser mejores personas. Son lo genes, que nos acompañan toda la vida. También recibimos malas influencias. Son los gérmenes familiares (término acuñado por mi propia familia, dicho sea de paso). Toda esta herencia me condiciona como ser humano, pero no me determina. Suena difícil de masticar y tragar.

Image4436Al recibir tanto de mi familia estoy marcado. Como ser humano he sido un recipiente que ha recibido información cultural, religiosa, alimenticia, etc. No he decidido qué recibir. Sin embargo, sí decido qué hacer con todo lo recibido. El hombre que sufrió golpes de sus padres en la infancia no puede quitarse los golpes recibidos, pero puede decidir no repetirlos con sus hijos. A eso me refiero. Estamos condicionados, pero no determinados por los genes y gérmenes familiares.

Es ahí donde sí podemos esforzarnos por el tipo de familia que queremos. Seguramente tendremos que luchar, pero vale la pena. En nuestras familias también hemos aprendido a odiar, a albergar resentimiento en el corazón. Hemos visto que el orgullo provee una dura caparazón que protege ante los golpes, pero que termina dejándonos solitarios.  Hemos forjado gruesos nudos y destruido puentes creados para unirnos. Gérmenes así conviene destruirlos.

Tal vez estos días sean buen momento para acabar con ese orgullo que nos ha apartado de las personas que queremos. Tal vez en nuestro corazón sepamos que el amor es más fuerte que el odio y que en el fondo no hemos ganado nada alimentado sentimientos negativos que nos destruyen interiormente y destruyen a quienes amamos. Tal vez sea tiempo de bajar la guardia y dar el primer paso, aunque no hayamos sido nosotros quienes fallamos. Pide perdón quien quiere la paz, no quien ha cometido error.

Jesús tuvo familia. A los doce años se les escapó a sus padres. Tres días duraron para encontrarlo. La madre, con el corazón en la boca, le reprocha el susto que les ha hecho pasar. El niño, con asombrosa madurez, les dice que estaba ocupado en los asuntos de su Padre. José y María no entienden la respuesta. Aunque el niño tiene la capacidad y autonomía para permanecer solo, la Sagrada Escritura nos dice que regresó con sus padres y vivió sujeto a su autoridad, hasta los treinta años.

Creo que mucho de lo que había en Jesús lo aprendió de su familia. La solidaridad, la generosidad, el servicio, la compasión, el amor, se aprenden. Y el hogar es escuela. Recuerdo que María, estando embarazada, sale presurosa a servir a Isabel, que también estaba embarazada. El Hijo de María muchos años después dirá que no ha venido a ser servido, sino a servir. ¿Lo habrá aprendido de su madre?

a9Demos gracias a Dios por nuestra familia. No será perfecta, pero es el lugar donde el Señor nos ha sembrado para florecer y dar frutos. Mi propia imperfección rima con los errores familiares. En ellos me reflejo, con mis genes y gérmenes. No esperemos a que uno de ellos muera para decirles cuánto les amamos. Un abrazo, un beso, un gesto de amor, nunca estarán de más. El mismo Dios, hecho hombre, quiso nacer en una familia y vivir sujeto a ellos, aprendiendo. Por algo será.

Por último, la familia no se reduce a los que compartimos la misma sangre. Llevo doce años fuera de mi tierra y mi familia ha crecido. No tengo hijos, pero cientos de personas me llaman “padre”. Tengo amigos que son como mis hermanos. Conozco señoras que me quieren como hijo. Nuestro agradecimiento a Dios también se extienda por todos ellos, que sin compartir genes, comparten vida con nosotros y nos enseñan con su forma de ser a amar y a sentirnos unidos.

Dios bendiga a nuestras familias.

la desgracia y la gracia

crisis¿Cuántas veces hemos sentido que se nos vienen encima las plagas, una encima de otra? ¿Cuántas veces hemos creído que ya no podemos dar un paso más? ¿En cuántas ocasiones estuvimos a punto de perder la esperanza porque no encontrábamos respuesta o salida? Como seres humanos, es natural que vivamos los momentos de dificultad. Como personas de fe es necesario tener una vía para caminar durante esas situaciones. Vamos a caminar con la historia de un pueblo, para vernos en sus tribulaciones y reconocernos en sus preguntas.

 

El pueblo de Israel tiene una historia apasionante. Sufren la opresión, la esclavitud, los asesinatos, la destrucción, el destierro, la infidelidad, la murmuración y la burla de otros pueblos. Saben lo que es sentirse abandonados por su Dios, son de los que han gritado al cielo pidiendo ayuda y reciben silencio. Pero tienen una gran ventaja: saben releer su historia en clave creyente. Son tercos en recordar la alianza que su Dios ha pactado con ellos y poseen la certeza de que aunque grandes sean sus pecados, mayor es el amor y la fidelidad del Señor.

La clave que los mantiene de pie es la esperanza. Ellos vigilan, esperan el cumplimiento de la promesa. Saben que el mal no es algo permanente y que luego de la tiniebla siempre, siempre, viene el resplandor del nuevo día. Israel es profundamente creyente.

Tomando como pie la lectura de Baruc 5, 1-9 (que es la primera lectura del II domingo de Adviento) podemos ver que la espera del pueblo se convierte en gozo. La tristeza termina, porque Dios responde a su pueblo. El luto y la aflicción no tienen ya lugar, la gala es perpetua. La comunidad que había conocido la tribulación y era humillada, es ahora invitada a ponerse de pie (que significa recuperar la dignidad). Los hijos, alejados por el enemigo, son devueltos por el mismo Dios, llenos de gloria, en carroza real.

La última parte dice que el Señor guiará a Israel, que lo hará con alegría, con justicia y misericordia. Esperanza

En nuestra historia, como este pueblo, hemos experimentado la dificultad, el dolor, la tentación y la caída. Pero podemos aprender de él, teniendo la confianza puesta en el Señor.  Creer se torna fácil cuando todo marcha bien. Creer es una necesidad cuando vamos cuesta arriba. La doble tracción  no se ha creado para el sendero plano. Y la esperanza es como el 4×4 que, aunque lento, nos conduce de manera segura en los terrenos más difíciles y tortuosos. No sin complicaciones, no sin resbalones.

Nuestra esperanza nos recuerda en los momentos de dolor que todo, tarde o temprano, volverá a estar bien. El pueblo de Israel sabe que aunque ellos sean infieles, el Señor siempre permanece fiel. La alianza no depende de la respuesta que ellos den, sino del amor misericordioso de Dios. Acá vale la pena recordar que misericordia significa “dar perdón a quien no lo merece”.  La invitación que debemos aceptar de este pueblo creyente es tener presente las palabras del Padre que nos espera siempre en casa, por lejos que nos hayamos marchado.

Y ahora, a creer. Por difícil que sea la prueba, por complicado que sea el camino. Una pizca de fe equivale al pequeño fósforo que ilumina en la tiniebla. Su luz es ya una guía para buscar algo para contagiar el fuego. No es posible evitar los momentos de crisis. Creer no nos exime de vivir la condición humana, pero nos da aliento y fuerza para seguir adelante.

Y ahora, a esperar. Aunque temamos la oscuridad, aunque nos asuste la tiniebla, aunque el panorama se vuelva denso. Esperamos porque sabemos que Dios se sale con la suya, a su tiempo. Tenemos la certeza que las crisis son parte de nuestro proceso de maduración. Creemos que hasta el morir llega a ser vida nueva.

9d7faEsperanza_y_OptimismoY ahora, a seguir adelante. La vida no es cuestión de suerte, sino de actitud. Sigamos creyendo, sigamos esperando, sigamos amando. La vía creyente es paradójica. Eso de perder para ganar no suena bien, pero sucede. Sigamos avanzando. Dios conoce nuestros pasos y nuestros esfuerzos. Él sabrá hacerlos dar fruto y convertir nuestro lamento en canto.

acerca de la Fe…

El Papa Benedicto XVI ha propuesto el “Año de la fe” para la Iglesia Católica en el mundo entero. Sus palabras, como pastor universal, nos invitan a reflexionar sobre un tema que “está ahí” pero necesita ser retomado para ponerlo en el centro de nuestras vidas. Nos pide que no seamos “perezosos en la fe”. Démosle una revisada al tema.

La fe es al mismo tiempo un regalo y una respuesta. Es un regalo que Dios nos da, unida a la esperanza y al amor. Teológicamente se les llama “virtudes teologales”. Es también respuesta, porque correspondemos a la iniciativa divina. Sin embargo es un regalo que no crece solo, sino que hay que alimentar, y que como el amor que se ha descuidado, también puede morir.

Estamos en un contexto en el que es fácil desatendernos de las cuestiones importantes. El amor se desecha, la vida no se respeta, se pierde la esperanza. El panorama se torna espeso cuando llegan los momentos fuertes y no tenemos escudo para protegernos. El fracaso, el dolor, la muerte, la enfermedad, el desencanto y la frustración tocan a la puerta. Y no sabemos qué hacer. Hemos perdido el tiempo en lo que no da vida.

Rescatar lo que es esencial ilumina en medio de la tiniebla. Ahí surge la fe, como alternativa. La semilla, con lo pequeña que era, llega  a ser un árbol que da abundante fruto y sabrosa sombra. Tenemos fuerza para enfrentar la dificultad y consuelo en medio de la impotencia. La fe no evita los problemas, sino que nos anima a superarlos. No tenemos la respuesta a todos los problemas, sino la pequeña luz que nos orienta en el camino.

Tener fe es creer. Creer es apostar. Apostar es arriesgar.

La fe no se parece a la certeza, sino a la confianza. La certeza me diría que mi madre se salvará del cáncer con el simple hecho de que yo lo pida. La confianza me dice que pase lo que pase, todo volverá a estar bien. La fe es saber que tengo un Padre misericordioso que se sale con la suya a pesar de cualquier dificultad, que su plan es perfecto y que yo estoy incluido en ese plan. Jesús nos dice que no cae un cabello de nuestra cabeza sin la voluntad del Padre. A eso me refiero.

La fe, como decíamos, se alimenta. Semilla sin tierra, sin agua y sin abono, no llega lejos. Leer la Palabra de Dios, acudir a la Eucaristía, vivir los sacramentos, orar con el corazón, son medios para fortalecer nuestro interior. Es nuestra responsabilidad acudir a la Fuente para alimentarnos. San Agustín decía que los creyentes se fortalecen creyendo.

No basta con decir que tengo fe. El artista que tiene pinceles, óleos, lienzos y bastidores, pero no pinta, no puede ser llamado pintor.

No basta solo con asistir a la Iglesia. No puede llamarse médico al que viste bata y vive en un hospital, sin practicar la medicina.

No basta con cumplir los mínimos. El amor y la fe no son para “medias tintas” sino para vivir con pasión y profundidad.

Servir al prójimo, consolar al triste, sanar el corazón herido, son frutos de quien cree. La fe que no se traduce en obras, dirá el apóstol Santiago, está muerta. No sirve de nada creer si la fe se convierte en un caparazón egoísta. La fe se contagia, se respira, se disfruta y se comparte. Celebrar la fe es mostrar al mundo que tenemos un Dios que nos guía y que quiere lo mejor para nosotros. Y en medio de tanta guerra, tanto dolor y tanto sufrimiento en el mundo, hoy más que nunca, necesitamos revitalizar la fe.

Fe, no para imponerla a los demás. La comida más sabrosa resulta asquerosa si me obligan a consumirla.

Fe, no para creerme poseedor de la absoluta verdad. Dios siempre es mucho más de lo que yo conozco de su plan.

Fe, no para sentirme superior a los demás. La auténtica fe te pone a servir humildemente a quien te necesita.

En fin. No tenemos todo a nuestro favor para creer. Hay tanto en que entretenernos, como Marta. Pero detenernos, colocarnos a los pies del Maestro y escucharlo, como María, puede ser un buen inicio para renovar nuestra fe. Como dice el Papa Benedicto, solo Jesús nos da la alegría del amor. Solo Él es la respuesta al drama del sufrimiento y el dolor. Solo Él es la fuerza del perdón ante la ofensa recibida. Solo Él es la victoria de la vida ante el vacío de la muerte.

Apostar por alguien así, con gusto. 

 

Desnutrición Espiritual

Cuando una persona no tiene alimentación adecuada se encuentra desnutrida. Espiritualmente sucede exactamente lo mismo. Cuando no recibes los nutrientes necesarios para seguir adelante, nos encontramos desnutridos espiritualmente.

La desnutrición física o espiritual puede iniciar desde el vientre materno. La madre que ingiere las vitaminas necesarias crea un suplemento que fortalece al niño que crece en su interior. Lo mismo, si es una persona de oración, que frecuenta la lectura bíblica y se ejercita en la fe. El niño recibe todo lo que la madre tiene. Todo. Incluso los problemas y la forma en que los supera.

Físicamente sabemos que una persona se encuentra desnutrida porque está débil, pierde peso, su piel se torna pálida y se enferma fácilmente. En el plano espiritual también hay debilidad cuando no hay un fortalecimiento interno de la persona y un constante tropiezo en la tentación y caídas ante la adversidad y la prueba.

Alguien nutrido, resiste las dificultades, sean físicas o espirituales.

El mayor riesgo ante ambos tipos de desnutrición es la muerte. La persona colapsa y el cuerpo no tiene reserva para luchar. Si a todos nos golpean las crisis, a los que espiritualmente se encuentran débiles les toca pagar una cuota mucho más alta, porque no encuentran consuelo, fácilmente pierden la esperanza y no tienen fe para iluminarse durante la tiniebla.

La tristeza, la pérdida del sentido de la vida, el insomnio, la depresión, la amargura y las lágrimas constantes, son síntomas de alguien que interiormente no se ha alimentado. Cuando la desnutrición espiritual es crónica el deterioro es mucho más rápido.

Mientras que la pobreza es la principal causa de desnutrición en el mundo, la fuente de la desnutrición espiritual es un dúo: la ignorancia y la indiferencia.

Lo más peligroso de la desnutrición espiritual es que una persona físicamente se puede encontrar bien, incluso saludable. Pero la procesión va por dentro. Al cerrar la puerta de la habitación se desatan todos los enemigos. Y el constante quehacer, el activismo, el trabajo y el día a día pueden ir llevándonos a aplazar el asunto, hasta que llega una dificultad que paraliza la vida. Y se explota. Un problema pequeño viene a abrir la puerta a todo eso que hemos tenido bajo llave en lo más guardado de nuestro interior. Y colapsamos.

Para combatir la desnutrición espiritual es necesario pedir ayuda. La solidaridad de otras personas puede sanar también a quien se encuentra vacío por dentro. No debería sorprendernos que ambas salidas también sean clave para salir de la desnutrición física. En todo caso lo más importante es la salud preventiva. Una buena alimentación interior, que sea constante y fundada en Dios, fuente que nos da vida.

Para detectar si padecemos de desnutrición espiritual sería recomendable pensar cómo salimos de la última crisis que hemos vivido. ¿Acudimos a Dios? ¿Me azotó fuerte la prueba como viento que juega con veleros, o más bien, supe contenerme y esperar pacientemente a que terminara la tempestad? ¿Me entregué a la dificultad o fueron la fe y la esperanza mis compañeras de batalla?

Si honestamente descubro que no estoy lo suficientemente nutrido, sabemos por donde empezar… tenemos Alguien -sí, con mayúscula- en quien confiar. Pidamos ayuda. A ÉL y a cualquiera que yo sepa que espiritualmente tiene fortaleza como para contagiarla y pueda ser su instrumento para echarme una mano. Escuchar SU Palabra, alimentarnos con SU Cuerpo y alejarnos rápidamente de la indiferencia. No es posible ayudar a alguien que no esté dispuesto a mejorar.

Y cuando venga la prueba, la tentación, la dificultad… Cuando toque a nuestra puerta el dolor, la enfermedad e incluso la muerte… Tener la certeza que todo va a volver a estar bien, tarde o temprano. Pues ¿no es cierto aquello de que todo lo podremos en Aquel que nos fortalece?   Si Dios está conmigo ¿quién podrá contra mí?

 

Las cadenas de oración en internet…

A menudo he recibido varias “cadenas” a través del email. El esquema en ellas es básicamente el mismo:

1. Recibes la cadena que comparte la devoción a san Judas Tadeo, a la Virgen María, a los ángeles o santos, etc.

2. Pasos a seguir: reza tal oración, compra velas, saca determinado número de fotocopias…

3. Resultado: tendras bendiciones, conseguirás trabajo, alguien importante te llamará…

4. Consecuencia: si no lo haces la oportunidad se marchará, dejarás ir la bendición… en el peor de los casos se habla de pérdida de familiares o seres queridos…

5. Testimonios: se habla de alguien que lo hizo y obtuvo excelentes resultados. Y también se cuenta la historia de quienes no lo hicieron y las desgracias que vinieron después…

Estamos ante un proceso de manipulación. ¿Qué quiero decir? Estas cadenas son recetas para conseguir resultados y el camino de fe se abandona para entrar en la senda de la magia.

La magia pretende conseguir algo a través de fórmulas. La fórmula debe realizarse al pie de la letra para obtener el resultado deseado. Harry Potter agita la varita, dice en voz alta unas palabras y obtiene un encantamiento. La base de la magia es el rito prescrito y la seguridad de cumplir el deseo.

En el camino de la fe hay una clave particular: Dios. Él es inmanipulable. Eso quiere decir que no actúa de acuerdo a la voluntad de los hombres y mujeres. Dios es Padre, no un dispensador de milagros para cada momento de la vida. La relación con Dios se basa en la confianza. Nosotros como creyentes nos fiamos de Él.

Cuando yo realizo los pasos que una cadena de oración me prescribe, estoy intentando obligar a Dios que cumpla mi deseo. Ya no hay una relación de confianza, sino un proceso de comercialización: yo te doy, pero tú estás obligado a corresponder. Mi voluntad prima sobre la voluntad de Dios. Cuando la realidad nos demuestra que Dios no responde al tronar de nuestros dedos y no cumple lo que le pedimos, viene la frustración y el desencanto. Mal inicio, mal final.

Las cadenas de oración son recetarios para obtener milagros. Nada más alejado del que confía en Dios.

El que confía en Dios sabe que aunque las cosas no marchen bien, el Padre nunca nos desampara. El que no confía en Dios debe buscar únicamente por sus propios medios la salida a sus problemas.

El que confía en Dios tiene la certeza en su corazón de que la cruz no es el final del camino. El que no confía en Dios se deja malaconsejar de la desesperación y realiza un sinfín de trucos para conseguir lo que busca.

El que confía en Dios conoce a su Padre y sabe que el triunfo está asegurado, pero no al estilo de los hombres. El que no confía en Dios necesita el éxito, la prosperidad y la satisfacción a cualquier precio.

Las cadenas de oración tienen gran éxito debido a la manipulación que traen consigo: “No tienes nada que perder” “conseguirás lo deseado”, “inténtalo y te darás cuenta de lo grandioso que es”. A cambio, debemos cumplir las condiciones que nos indican. Caemos en esclavitud. Si no reenvío o no cumplo lo que me piden, experimento la culpa o el temor de que algo malo pueda pasar.

Pero no pasa nada. Ni para bien, ni para mal. Las cadenas tampoco pueden manipular a Dios.

Entonces, cuando reciba uno de esos correos, sentiré el mejor de los gustos al darle “borrar”. Y si mi compromiso con Dios y su proyecto es serio, puedo escribirle a quien me lo envió y compartirle un par de palabras diciéndole que confíe en Dios y no en cadenas.

Por cierto, ¿se imaginan por qué se llaman “cadenas”?ImageImageImage