Alistar el corazón en Navidad

comprador-compulsivo-compradora-compulsiva-promocao-liquidacao-desvio-genetico-gen-mark-ellwoodTodos parecen estar alegres. Hay mucha gente en las calles, los comercios cierran más tarde, la comida abunda y las invitaciones y regalos se multiplican. ¿El motivo? La navidad.  Las casas están listas, muchos han comprado ropa para estrenar, la fiesta es contagiosa. Pero ¿sabemos realmente qué celebramos?

La navidad no es cuestión de comprar y vender. No es asunto comercial ni de mercadeo.  La navidad no se rige por las luces de colores, ni por la nieve, ni por el árbol, ni por el simpático abuelo vestido de rojo.  Todo eso es accesorio, no es el centro.v14j

En medio de tanta fiesta, me da miedo que olvidemos lo esencial.  La navidad es un niño que representa la solidaridad de Dios, que se hace uno-de-los-nuestros.  Es la grandeza hecha pequeñez, el amor hecho carne, la esperanza que grita al cielo con voz de bebé.

En la teoría vamos bien. Todos lo sabemos y lo profesamos, en cierto modo.  Sin embargo, debemos hacer vida lo que creemos.  Como Dios lo ha sido con nosotros, hemos de ser solidarios con los demás.  Compartirnos. Abrir el corazón, ayudar, ser instrumento de Dios para hacer el bien.

430951_384292098327463_1710573975_nDe nada sirve tener la mesa llena en navidad si hay personas con hambre en las calles.  De nada sirve iluminar la casa con miles de lucecitas si el corazón está en oscuridad y tiniebla.  De nada sirve desear feliz navidad si no soy capaz de construir la paz en mi propia familia y comunidad.  ¿De qué sirve tener tanto si por dentro estamos vacíos?

Por eso, recuperemos el sentido de la navidad.  Rescatemos en nuestro hogar el encuentro familiar, el perdón, la generosidad y la solidaridad.  Hagamos que este tiempo nos una.  Que no sean los centros comerciales los que nos convoquen, que no sean las compras lo que nos preocupen.  Abramos la Biblia, oremos, acerquémonos al que ha querido poner su morada en medio de hombres y mujeres.

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El nacimiento del niño es la apuesta de Dios por nosotros. Aunque haya abortos, aunque haya guerra, aunque la muerte nos visite con su fuerza destructiva… No hay mal que sea mayor que el amor de Dios.  No todo está perdido.  Hay esperanza y fuerza para seguir avanzando.  Nos toca recordarlo y anunciarlo. Eso sí que vale la pena celebrarlo.   Que no nos baste con tener feliz navidad.  Hagamos que esta navidad también sea feliz para otros.

¿navidad o vanidad?

confesarse por internet…

Vida Consagrada

FT (5)El Papa Francisco ha llamado Año de la Vida Consagrada este 2015 a punto de iniciar. ¿Quiénes forman la vida consagrada? Usted los ha visto alguna vez: monjas, monjes, frailes, hermanas, religiosos, religiosas etc. Hay de todos los colores, de todas las naciones, con hábito y sin él, sacerdotes o hermanos.  Constituyen una gran familia, que ha decidido seguir a Jesús de un modo especial: la consagración.

Consagrar quiere decir “hacer que algo sea sagrado”. Lo sagrado refiere a lo divino. Traducción: el consagrado, la consagrada, se dedica a Dios. Esta consagración es el distintivo de este tipo de cristianos.  No son más, ni menos, que el resto de los que siguen a Cristo. Sin embargo, su camino es distinto.

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A lo largo de los años han sido muchos los que se han dedicado a seguir a Jesús de una manera particular.  Recordamos a Francisco y Clara de Asís, Domingo de Guzmán, Ignacio de Loyola, Alfonso de Ligorio, Teresa de Ávila, Benito de Nursia, Teresa de Calcuta, Pedro de Betancur y así, una larga lista.  Hombres y  mujeres que dejaron el estilo de vida “normal” para entregarse a las cosas de Dios de una  manera radical.

Esa radicalidad suele distinguirse por los votos: pobreza, castidad y obediencia.  La idea es ir tras los pasos de Dios al estilo de Jesús: pobre, casto y obediente.  El hombre que escucha la voluntad del Padre y la hace suya, que no se entrega a una persona para darse a todos y que lo hace desde la pequeñez.

IMG_9303Los votos de pobreza, castidad y obediencia son ahora llamados consejos evangélicos. Ya no pertenecen solamente a los consagrados, sino que son inspiración para muchos.

La pobreza ayuda a desinstalarnos.  Mientras la realidad nos invita a acumular, la pobreza nos enseña a desprendernos.  El mundo apoya el éxito competitivo, el ideal evangélico apuesta por el servicio, la donación generosa y la solidaridad.  Nos recuerda a Jesús naciendo en un pesebre, viviendo sin casa propia y siendo enterrado en un sepulcro prestado.  La clave está en confiar en Dios.

IMG_9986La castidad ayuda a abrir el corazón.  Muchos dedican su vida a una persona, entregan su amor, su cuerpo y vida entera a la pareja.  Es un amor exclusivo.  La castidad nos lleva a un amor inclusivo: no me entrego a una sola persona, sino que estoy disponible para entregarme a todos.  Jesús no hace proyecto de vida con una mujer, no vive para tener su propia familia. Aunque esto sea bueno, muy bueno, se dedica a algo distinto.  La clave está en amar y servir.

La obediencia ayuda a despojarse de sí mismo.  Todos quieren mandar, estar “arriba” del resto y gobernar.  La obediencia nos enseña a entregarnos a la voluntad de Dios, mirar con ojos de fe y convertir la autoridad en servicio.  Jesús nos ha enseñado a no buscar ser servidos, sino a servir y a no pretender los primeros puestos.   La clave está en ser pequeños para ser grandes.

PapaFranciscoConJovenesLos consejos evangélicos y la vida consagrada no son un punto de partida.  Son un ideal en construcción permanente.  Nadie está ya en la meta.  Somos peregrinos, buscadores, caminantes, pescadores y, sobretodo, inquietos servidores de la viña del Señor.  Pecadores, como todos. Nuestra vocación es la de ser flecha: señalar el camino.

Este año dedicado a la Vida Consagrada nos ayude a revitalizar nuestro llamado, a contagiar a nuevos jóvenes a consagrarse y a imprimir alegría a la Iglesia y al mundo entero.  Algo así como lo que está haciendo el Papa Francisco.  Por cierto, el Papa es un consagrado, ¿lo sabías?

El Suicidio de un familiar

SoledadCuando el suicidio toca la familia, parece que la muerte no se acaba con el funeral y el entierro del ser querido.  Todo, absolutamente todo, se ve impregnado de dolor, angustia y tristeza.  Por ser un momento tan fuerte en la existencia, por debilitarnos tanto, por disminuir abruptamente nuestras fuerzas físicas, mentales y espirituales, nos volvemos en blanco fácil de la tentación.

Una primera tentación es la culpa: ¿Por qué no hice nada? ¿Por qué no lo pude evitar? ¿Por qué no vi a tiempo esta amenaza? Hemos de aclarar que la culpa no viene de Dios: la culpabilidad es el martillo del mal espíritu, que hunde nuestra existencia.  Y lo que es peor, gasta tanto nuestra fuerza, que entorpece la vista para buscar una salida.  ¿Qué hago? Lo que hago ante cualquier tentación cuando aparece: huyo y pido a Dios fuerzas para salir de ahí.  Si quiero sustituir la culpabilidad, puedo emplear la responsabilidad: mis fuerzas serán empleadas para ayudar a otras personas.  Mi salvación la puedo encontrar sirviendo a otros. Hacer el bien ayuda a cicatrizar el corazón. Cabe aclarar que para llegar a este punto, antes he de permitirme ser ayudado. Nadie puede dar a otro lo que no ha recibido previamente.culpa_800x669

Otra tentación es sentir que mi vida también se ha perdido.  No soy digno de estar vivo si mi hijo se ha quitado la vida.  Mi rumbo se tuerce, el horizonte se nubla y la tormenta se ha instalado de manera definitiva.  Sin embargo, sin quererlo, estoy tomando el mismo camino de aquel que se ha suicidado.  La mejor forma de honrar a aquellos que hemos perdido es tener una vida digna.  Mi hogar, mi familia, los sobrevivientes del suicidio de un ser querido, necesitan luz, no tinieblas.  El poder de la muerte debe encontrar un “alto” desde la fe y la esperanza.  No es posible que el dolor sea más grande que el amor, no podemos permitir que la tristeza venza las ganas de vivir.  Retomar el camino de la vida, cicatrizando poco a poco las heridas, es el mejor homenaje que podemos dar a Dios y a los que amamos.

Enojado 2Una tercera tentación es echar por la borda mis creencias y pelearme -oficialmente o no- con Dios.  ¿Qué sentido tiene todo esto si no pudo evitar una tragedia como la que he vivido? Sin embargo esta lógica es engañosa.  La fe no sirve para evitar las tormentas, sino para tener paraguas en medio de ellas.  Dios no evita el sufrimiento, la lógica de la cruz no es la anestesia que quita el dolor. La cruz significa la solidaridad de Dios mismo, que vive con nosotros las dificultades y la amargura y promete el consuelo en esta vida y la plenitud al final.  A veces es natural reclamar a Dios: es la oración que nace de un corazón dolido y golpeado.  Puedo suponer que la respuesta sería algo como: “Ten paciencia, la marea tarde o temprano va a volver a retomar su curso. Intenta confiar en mí”.Ateismo

Repito: es natural que en algún momento brote el enojo con Dios.  El corazón puede dejarse guiar por el resentimiento, la ira y la desesperación.  Hay que tener cuidado de no caer en rigorismos morales y con ello abrirle paso nuevamente a la culpa, que solo carcome la conciencia y no permite cicatrizar adecuadamente. ¿Qué hacer? Pensar que no hay terremoto eterno.  Tener como convicción que luego de la tormenta vuelve la calma.  Dios va a estar siempre ahí, esperando.  Sin talonario de facturas pendientes.  Sin ánimos de cobrarnos los errores que hemos cometido.  Al contrario, con los brazos siempre abiertos y dispuesto a recibirnos nuevamente en casa.aceptar-y-no-negar-la-realidad

Una tentación más sería alejarme de toda realidad, desconectarme del entorno, fingir que nunca ha sucedido, e incluso, evitar cualquier situación que suponga abordar el tema.   Es un mecanismo de defensa que se llama “negación”.  Recordemos: cuando éramos niños y nos caímos al aprender a usar la bicicleta, juramos no volver a montarla.  Cuando alguien se acercó a limpiar la herida sangrante, lloramos y queríamos evitarlo.  Pero cuando no se limpia y ventila una herida, simplemente llega la infección y duplica los problemas.  En el duelo sucede lo mismo.  Dar la espalda a la situación, intentar alejarnos de la realidad nunca lo solucionará. Al principio prolongará la dificultad, pero luego lo reprimido retornará de manera perjudicial.  ¿La solución? Hablarlo, compartirlo, ventilarlo.  Esforzarse por no perder la paz en el corazón.  Aunque duela, una herida tratada cicatriza más rápidamente.Hope-vs-Faith

Cuando nos enfrentamos a la muerte, hay que protegernos con las armaduras que nos da el Dios de la vida.  Acercarse a Él, alimentarnos con su Palabra de manera continua, buscar grupos de apoyo, sujetarse de la comunidad creyente… hay muchas alternativas para salir adelante…  No podemos darnos el lujo de morir con nuestros seres queridos.  La esperanza nos dice que vendrá un día en que volveremos a vernos y compartiremos con alegría.  Mientras ese tiempo llega, sigamos defendiendo la vida: la nuestra y la de nuestra familia.  Aunque nos enfrentemos a la dureza de la muerte, seamos siempre bendición y luz. Dignos hijos del Padre que está en los cielos.1273986092426_f

El Pecado

enfermo-dibujoTodos nos hemos enfermado alguna vez.  Nuestro cuerpo hospeda virus y bacterias, que poco a poco lo van debilitando.  Hay enfermedades breves y pasajeras.  Otras son más bien necias, majaderas, no salen si no es empleando fuertes dosis de medicamentos.  A veces nos botan, eliminan nuestras fuerzas y no nos permiten avanzar.  Algo así sucede también en la vida espiritual.

Lo que es un virus a nuestro cuerpo, es el pecado a nuestro corazón.  Hay virus que conviven con nosotros, no golpean tanto. Son como los pecados pequeños, las acciones cotidianas que sabemos no están bien, pero que pasan casi sin importancia.  El problema es cuando muchos de ellos se juntan, pues provocan caos.  Hay virus que mutan, hay pecados que evolucionan.  Poco a poco desgastan nuestra vida.10533_129244323322_88354868322_2459860_567855_n

Hay pecados que, por su magnitud, estancan nuestra existencia. Así como con las enfermedades. hemos de detenernos, lo querramos o no, para atacarlos.  Medicamentos, pastillas, antibióticos, una buena carga para contrarrestar el poder que tienen sobre nuestro cuerpo.  Sabemos que la tumba nos espera si no hacemos nada.

Para nosotros, los católicos, existe algo así como la medicina preventiva: le llamamos estado de gracia.  Es el esfuerzo por alejarnos del mal, apartarnos de las ocasiones que nos llevan al  pecado.  Pero cuando hemos caído también está la medicina directa: la confesión, o reconciliación.  Es acercarte al centro de salud para solicitar a un médico te evalúe y te dé las indicaciones para mejorar.  La sanación viene de Dios, el hospital sería la Iglesia y el doctor el sacerdote.  14708_confesion

Confesarse es como bañarse: limpia, purifica, renueva.  Verbalizar el pecado es como expulsar una flema.

Nadie puede evitar enfermarse.  Nadie puede evitar pecar.  Sin embargo, para ambas situaciones tenemos salida.  La clave estará en detectar a tiempo, evitar el progreso y cortar de raíz, las veces que sea necesario.  Un cuerpo enfermo nos dice “debes descansar”.  Un corazón enfermo por el pecado nos dice “debes cambiar de vida”.  Hagamos lo posible por mantenernos sanos, por dentro y por fuera.

Confesarse por internet…

internet-of-things-graphic-story-topLa tecnología ha ingresado en nuestros hogares, en nuestros trabajos, en nuestra diversión, en nuestra familia y en nuestra fe… ¿Perdón? Sí, en nuestra fe. Encontramos portales que nos hablan de religión, páginas que nos invitan a creer en Dios, links que animan a conocer y potenciar nuestras creencias. Todo esto, válido para cristianos y demás gama de iglesias y denominaciones religiosas.

Entonces, como católico, no suena mal la idea de compartir mis debilidades con alguien empleando la tecnología. Con ello podría evitar la incomodidad de verme vulnerable ante otra persona. El ciberespacio podría ofrecerme la oportunidad de confesarme con un sacerdote a través del chat o de la videoconferencia. ¿Por qué no?confesic3b3n

Vamos despacio. Hay muchas cosas que es posible realizar por internet: pagar facturas, jugar, comprar, leer, etc. Sin embargo hay muchas cosas que no se pueden realizar en línea: dar un abrazo y alimentarse, por ejemplo… En este segundo renglón la presencia “virtual” jamás sustituye la presencia “real” de la persona. Aquí es donde entra nuestro sacramento.

Confesar los pecados es un acto de fe. Creo que Dios me da su perdón y que esto se manifiesta a través de un ministro. Compartir mi debilidad en intimidad con alguien más, es liberador. Y más aun lo es reencontrarme con Dios, con su misericordia y recobrar la paz que el pecado me ha robado. Esta experiencia es como el abrazo de los que se han reencontrado luego de mucho tiempo. Como el beso de dos enamorados que han permanecido distanciados.

tumblr_lpvrr5H1jo1qa1mmco1_500Pero, ¿será posible un beso de amor por internet? ¿será pleno un abrazo de perdón a través de una webcam? Suena difícil. Decirle a otro mis pecados online es posible. De hecho, por simpático que parezca, hay páginas en la web que se dedican a ello. Pero experimentar el gesto del perdón no es posible por medio virtual. Nada como estar frente a frente para confesar mi pequeñez y recibir el consuelo de parte de Dios. Las manos del sacerdote sobre la cabeza de quien pide perdón es un símbolo imposible de realizar online. Pierde su fuerza, como el beso por cam.

En fin. Internet sigue siendo una excelente herramienta que puede ayudarnos a facilitar muchos aspectos de la vida. Pero hay otros aspectos que son insustituibles. ¿Alguien quiere un abrazo virtual?42 diablo.internetJPG

LA CULPA

el-tropezonPartimos del hecho que todos hemos fallado: pecamos, tropezamos, tragamos el polvo en un aterrizaje de las alturas a las cuales nos elevó la tentación. Y luego viene la resaca moral, martillando y recordando el mal que hicimos: la vocecita que nos reprueba en el interior y nos ve con aire de superioridad diciéndonos algo así como “que bárbaro, hoy si la regaste”.  Insisto, todos hemos pasado por ahí.

Pero hay algo más: el pecado sucedió hace un buen tiempo, pero sigue como una constante ese dedo invisible señalándome, la vocecita interior repitiéndonos que somos basura y que taladra cualquier intento de reconstrucción espiritual.  Damas y caballeros, con ustedes la culpa. Es ella la responsable de recordarnos lo muy pecadores que somos y de hacernos creer incapaces de levantarnos.  Pero, ¿qué creen? La culpa no viene de Dios.  1205010410279249-jesus-cries

Así como lo lees.  No viene de Dios.  ¿Por qué? Porque el fin de la culpa no es ponerte de pie, sino que te quedes botado en el piso, llorando tu debilidad y pensando que eres indigno del perdón.  Te hace creer que Dios te da la espalda, que no mereces disculpa, que pronto vendrán las moscas para rondar tu cabeza. Es más, lmismas moscas se encuentran más limpias que tú.  ¿Lo peor de todo? Nos creemos el discurso de la culpa.  Double play del mal espíritu.

dead_flies_art_01Hay una posible solución: la responsabilidad.  Con ella eres capaz de reconocer humildemente tu pecado.  Ya sabes que no eres la mejor persona, que estás hecho de barro y que probablemente no será tu última caída.  Sin embargo, no puedes quedarte botado.  No tienes vocación de alfombra para permanecer pisoteado.  La responsabilidad te recuerda que eres hijo de Dios y que no hay pecado que sea más grande que su amor y perdón.   El Padre misericordioso nos da siempre una nueva oportunidad.  42 diablo.internetJPG

La culpa te hunde, te condena, te reserva cupo en la sala anterior al infierno.  La responsabilidad te levanta, no permite que tú mismo te condenes, te pone en camino.  La culpa viene del tentador, la responsabilidad viene de Dios.  Revisa esta última semana y piensa a cuál de las dos has escuchado.  Y decide a quién quieres de ahora en adelante escuchar.

Procesiones ¿sí o no?

379209_10152537029580597_1871734673_nEscribo esta publicación en mi blog pensando en Guatemala, mi tierra.  En ella, para muchos es impensable una semana santa sin procesiones.  Las hay desde las más sencillas ( en pequeñas aldeas) hasta las más imponentes (grandes andas e imágenes centenarias).  Todas pretenden, en principio, lo mismo: representar el paso de Cristo en distintas etapas de su vida, especialmente la pasión, muerte y resurrección.  3753198310_6640d2f0ef_z

Las procesiones reciben varias críticas.  Dentro y fuera de la Iglesia.  Es por ello que quisiera, con amor y seriedad, como guatemalteco y como sacerdote, compartir cómo podemos saber si esta tradición realmente ayuda a nuestra fe o pudiera ser un instrumento para nuestra propia tentación.  No escribo para juzgar a los demás, sino para que cada persona evalúe si lo que está haciendo le ayuda a ser mejor creyente, o no.

1. Las procesiones se vuelven un estorbo para la fe cuando te desconectan de Dios. Veinte preocupaciones rondan en la cabeza, excepto encontrarte con Jesús.  No hay oración ni devoción.  No hay contacto con Dios, ni escucha de su Palabra.

Procesión+Jesús+Nazareno+de+la+Merced+(La+Reseña)+102. Las procesiones son trampa del mal espíritu cuando te apartan del hermano.  Pienso en el que va muy devoto en el cortejo, pero es incapaz de dar o pedir perdón, el que permite crecer el rencor en su corazón.  Por fuera, parece católico. Por dentro, no lo es.

3. Las procesiones te hacen sentir creyente, pero vives apartado de la Iglesia.  Son personas que aparecen solamente en cuaresma.  Cristianos de temporada.  Turistas religiosos.  No asisten regularmente a misa usando pretextos para justificarse.  Esos se parecen a los que se acuerdan que tienen madre justamente en el día de la madre y la olvidan el resto del año. 23

Repito, estos tres puntos son apenas un espejo.  Si logras visualizarte en alguno de ellos, debes poner mucha atención. La conversión es una actitud en el alma del cristiano.  He de mejorar aquellas partes que están lejos de lo que Jesús pidió para nosotros.  Estamos en cuaresma, de eso se trata ¿no es cierto?

FE

3446732520_608c4f55d9Muchos decimos que tenemos fe y que creemos en Dios. Sin embargo pocas veces nos hemos detenido a pensar lo que esto significa y cómo debe tocar nuestras vidas el hecho de creer.

Lo que sí es la fe:

  • Conexión con Dios:  nos unimos a Él con nuestra vida.  La Biblia nos recuerda que hay que amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas (Mateo 22, 37)
  • Conexión con la vida: una fe alejada de nuestra realidad es mentira. Hay personas que van a la Iglesia pero no cumplen la voluntad de Dios.  La fe es un pretexto, un engaño.
  • Conexión con el prójimo:  Jesús mismo dice que hay que amar al prójimo como a uno mismo (Mateo 22, 39) y el apóstol Juan nos recordará que quien dice que ama a Dios y al mismo tiempo odia a su hermano es un mentiroso (1 Juan 4, 20)
  • Conexión con la comunidad:  muchos ven más fácil creer a su  manera, alejados de otros creyentes.  Sin embargo, pertenecer a la Iglesia y vivir la fe en comunidad es lo mismo que hacía Jesús con los doce y luego ellos con otros, hasta nuestros días.  Quien se aleja de la Iglesia pierde la oportunidad de vivir la fe en una familia.

Lo que no es la fe

  • No es solamente una tradición:  repetir actos y gestos no nos hace creyentes.  A veces los padres transmiten tradiciones sin explicar el sentido de las mismas.  Hay que “vivir” lo que celebramos, comprenderlo.
  • No es solamente reunión social:  me uno a este grupo para que me vean.  Voy a la Iglesia porque ahí van todos.  Asisto a misa solamente cuando hay bodas, bautizos y funerales. Me convierto en florero, que se coloca en los eventos y desaparece el resto del tiempo.
  • No es solamente para momentos de emergencia:  gente que se recuerda de Dios únicamente en los problemas.  Hombres y mujeres que acuden a la Iglesia solo para pedir un milagro.  Se parecen a aquellos que solamente llaman o visitan a su mamá en el día de las madres o cuando tienen dificultades.

En resumen, creer no es cosa fácil.  Pero tampoco es difícil, si tengo el deseo de permanecer “conectado” a Dios en todo momento de la vida.  Mi propio corazón sabrá qué hacer para ir acercándome a Él, a su Palabra y a mi prójimo.  Acudir a la Iglesia es solamente el primer paso.