Solidaridad en acción

24252242_10159681691420597_1783055638_nDesde hace varias semanas veo a mucha gente trabajando. Algunos cantan, otros hacen material para decoración escenográfica.  Unos tocan instrumentos, otros comparten en redes sociales el evento. He visto organizadores y promotores.  Todos ponen su talento al servicio de una misión: compartir.

Me refiero a los inquietos voluntarios de las parroquias redentoristas en España.  Con la bandera de la Asociación para la Solidaridad (la ONGD de la Congregación del Santísimo Redentor), comparten sus dones para recaudar fondos y apoyar la misión de otros misioneros en distintas partes del mundo.  Hay mujeres y hombres, jóvenes, adultos, matrimonios, niños y personas mayores. 24257423_10159681688115597_376284147_n

Además del talento, comparten creatividad, alegría, buena vibra y sobre todo dos cosas que no se regalan fácilmente: trabajo y tiempo.  Horas de ensayos, desvelos, cancelación de compromisos personales, etc. Las horas previas a los eventos son frenéticas, pero los resultados son combustible para proyectos de desarrollo social. Los conciertos, rastrillos, torneos deportivos, cenas, verbenas y demás actividades que realizan llevan un elemento común: la solidaridad.

24281686_10159681756775597_316502714_oEn tiempos de globalización, ellos dan lo que tienen para que otros en otra parte del mundo cuenten con algo que no poseen todavía.  En medio de sus estudios, trabajos y actividades personales, sacan un tiempo para servir.  El Papa Francisco nos habla de globalizar la caridad y ellos lo están haciendo.  Pocos, muy pocos, llegarán a conocer de primera mano la obra que realiza la Asociación para la Solidaridad en los distintos sitios.  Sin embargo, la labor de hormiga es esperanza para muchas personas.   as1

Pienso en el niño que va a la escuela nueva en Trojes, Honduras; en la niña que recibe alimentos en Lima, Perú; en la mujer que aprende a hornear pan en Ciudad Juárez, México; en los ancianos que tienen un lugar de atención en Guatemala; en los estudiantes que tienen una biblioteca en Costa de Marfil. Y la lista sigue.  Por ellos, gracias.

24252291_10159681691365597_1387672337_nGracias por el esfuerzo, el cariño, el tiempo, las jornadas intensas y los líos armados. Gracias por soñar juntos y no quedarse con los brazos cruzados. Gracias porque ponen en obras lo que muchos compartimos desde la predicación.  Gracias por ser redentoristas y porque permiten que con su testimonio la fe se vuelva bendición para muchos. Gracias porque siguen siendo instrumento de Dios para dar vida en abundancia. Gracias porque sensibilizan a otros, para que contribuyan desde su realidad.  Tengan por seguro que estos esfuerzos no quedarán sin dar fruto.

¿Quieres conocer? ¿Quieres apoyar? www.asolidaridad.org   24204810_10159681734920597_267398398_n

ateos y creyentes

Nadie nace ateo, nadie nace creyente. Ambas formas de ser se aprenden en el camino. Y en el camino es donde regularmente se les ve enfrentados. No pretendo hacer proselitismo, sino rescatar aspectos que todos deberíamos tener en cuenta.

Imagen1. DESMITIFIQUÉMONOS:  el simple hecho de ser ateo o creyente no te hace mejor persona que nadie. El título es tarjeta de presentación. Tener denominación te une a una vasta red y aunque te condiciona, no te determina. En otras palabras el llamarte creyente no te hace santo. El declararte ateo no te pone por encima de los demás.

2. TODO EXTREMO ES NEGATIVO: tan perjudicial a la causa humana es un fanático creyente como un fanático ateo. Absolutizar mi ración de verdad es miopía. Querer imponerla es insultar la libertad personal. Es claro el refrán que dice que a la fuerza ni la comida es buena.  

3. LAS ETIQUETAS: hacer caer el peso de toda una tradición en una sola persona es peligroso. Ser enjuiciado por los errores de otros y etiquetado sin posibilidad de comprensión es una actitud hostil y equivocada. ¿Sería razonable abrir hoy juicio a un europeo por los saqueos de oro a América en los tiempos de la colonia? Impensable. A eso me refiero. 

Imagen4. LO QUE TENEMOS EN COMÚN: hay una larga historia de mutuas descalificaciones, discordias y tensiones. Los militantes se reconocen por la alergia que padecen ante el otro bando. ¿Ganadores? Ninguno. ¿Errores? Muchos y no solo de un lado. Sin embargo, hemos de reconocer que ambos grupos apuestan por la causa humana. No hay que tener denominación para buscar un mundo mejor. Ninguno de los dos caminos ahorra el hecho de trabajar y luchar por la justicia y la paz.  

5. ALGO MÁS EN COMÚN: en el momento del terremoto, a la hora de donar órganos, en el banco de sangre, ante la recesión económica, a la hora de la muerte, no somos diferentes.  Por ser ateo o creyente no huele distinto nuestro servicio sanitario. En la dificultad podemos reconocer que venimos de la misma tierra y que a ella pertenecemos, que las divisiones están en nuestras cabezas, ubicadas muy cerca de la parte donde se alojan los errores. 

Imagen6. POR TANTO: debería ser causa común el ver más allá de mi denominación. El respeto y la tolerancia, banderas en los hogares. La libertad guiando las propias decisiones y la responsabilidad iluminando el camino para recorrer juntos. La utopía no es cuestión de pocos, sino tarea de todos. Hay tanta muerte y dolor en el mundo, tanto sufrimiento y tanta hambre, como para desperdiciar energías atacando a quien puede ser mi aliado.

7. LO QUE ME TOCA A MÍ: soy creyente. Sacerdote católico. Si has leído hasta acá es porque hay probabilidades de click en nuestra causa. Mi esfuerzo será por continuar transmitiendo comprensión. Creo en la paz y trabajo por construir puentes que estúpidamente hemos derrumbado. Todos salimos perdiendo cuando hay división. Conozco personas que valen no por lo que creen o dejan de creer, sino por lo que actúan.  Quiero ser de esos.

Y contagiar a otros.  

Bryan // @el_padrecito