El Papa Francisco

 

o-POPE-ROLLING-STONE-570Un “joven” de 78 años está rejuveneciendo la Iglesia Católica.  Es la historia de un hombre que se hace grande haciéndose pequeño.  Un Papa que sabe a abuelo, pero no de esos aburridos y regañones, sino de los que siempre tienen algo alegre para compartir, una sonrisa para brindar y una enseñanza para aprender.  Es el Papa de los abrazos, el Papa cercano, el Papa de todos nosotros.  Francisco-22

 

Su espontaneidad pone de cabeza a los guardias de seguridad.  Sus chistes y cómicas salidas lo vuelven desenfadado.  Su sencillez llama la atención de muchos.  ¿Qué tiene ese hombre que hace ponerse de pie al pleno de la ONU para aplaudirle? ¿Qué es lo que hace para convertirse en líder mundial, más allá de las fronteras de la Iglesia que preside? ¿Por qué provoca las lágrimas igual de un niño brasileño que del presidente del Congreso norteamericano? 10533906_10203112206755988_7813545738564962265_n

 

He pensado en tres puntos.

 

  1. PROFUNDA HUMANIDAD  Estamos ante un hombre que no ha olvidado que es ser humano.  Francisco toca a la gente, se acerca a ella, no tiene asco alguno ante el prójimo.  Aunque está en lo más alto de la jerarquía, no es insensible.  Recuerda la lección del Maestro que dijo que viene a servir y no a ser servido.  En su agenda ha colocado al que sufre, al olvidado, al pobre… e invita a todos a hacerse cargo, a colaborar, a no ser indiferentes. Y algo más: actúa sin detenerse a preguntar si son o no son de los que creen o piensan igual que él.  Es el Papa destruye fronteras.  filecdn
  2. LENGUAJE COMPRENSIBLE  Es interesante que no usa discurso religioso fuera de los templos.  Muchos se rasgaron las vestiduras cuando cayeron en cuenta que no empleó la palabra “Jesús” en su intervención ante los congresistas.  Sin embargo, todo lo que dijo fue buena noticia.  Supo a Evangelio puro, consuelo para el que sufre y denuncia para el que ha perdido el camino.  Francisco habla al corazón y es por eso que todos lo comprenden.  Obama le dijo: “usted despierta nuestras conciencias”.  Recordemos que la conciencia -creemos- es la voz de Dios en nuestro interior.  f_2015-04-03_59
  3. COHERENCIA DE VIDA  No es que sea un hombre perfecto. Pero, como muy pocos líderes en el mundo, tiene autoridad moral para cuestionar e interpelar. Su austeridad confunde a los todopoderosos, la compasión devuelve la dignidad a los que sufren, su interés por el cuidado de “la casa de todos” (el mundo) lo conecta con las preocupaciones globales. papa time El cargo y liderazgo que posee no lo ha empleado para sí mismo, sino para los demás.  Y muchos lo están reconociendo.  Insisto, fuera y dentro de la Iglesia Católica.  548b6d9064eb6

 

En marzo del 2013, en medio del cónclave que elegiría a Bergoglio, señalaba en mi blog que me gustaría contar con un Papa más parecido a un amigo de mi barrio, que a un soberano monarca (http://www.padrebryan.com/?p=733), que escuchara a los grupos minoritarios, que supiera mostrar la solidaridad, el respeto y el perdón.   No dudo que Dios me ha escuchado.  Y se ha esmerado con el líder que ha regalado.

 

papa-francisco-jovenesAhora, le pido, que la lucha no la realice él solo.  Que muchos nos pongamos la mano en la conciencia y realmente colaboremos con el mundo que todos queremos.  Ya hemos dado admiración y aplausos al Papa Francisco. Ahora toca ayudar.  Es tiempo propicio.  El mundo no va a cambiar si solo un hombre quiere cambiarlo, aunque sea el Papa.  Es nuestra responsabilidad con la historia y con las generaciones siguientes. Francisco está hablando y actuando. Ve y haz tú lo mismo.

CONFESARSE EN PLENO SIGLO XXI

COnfessionCarEso de acercarse a un sacerdote para compartirle las cosas malas que he hecho y mis debilidades no suena tan fácil que digamos.  Confesarse suena difícil.  De hecho la solución fácil es no confesarse. Pero ¿será eso una solución o tan solo una excusa?

Algunos hemos experimentado eso de dejar caer el peso de nuestros hombros.  Librarnos de culpas y tristezas no es algo tan pasado de moda.  De hecho, la psicología nos invita a entrar en armonía con nuestra historia.  Al parecer, buscar la paz no es del todo tan mala idea.  ¿Qué hago entonces?imagescapezzo5

Lo primero, actualizar mi vocabulario.  Desde hace un tiempo en la Iglesia se emplea la palabra “reconciliación” para hablar del sacramento que hemos conocido como “confesión”. ¿Por qué la nueva palabra?  Porque el término confesión pone el centro en los pecados, el eje ha sido “vomitar” mis debilidades, mientras que “reconciliación” ubica el perdón de Dios y su amor como la clave de ese momento.

Cuando hemos tenido duras jornadas nuestro cuerpo suda y acumula suciedad.  Lo común es  bañarnos para solucionarlo.  También tenemos momentos de debilidad, situaciones en las que nos hacemos daño e incluso lastimamos a las personas que están a nuestro alrededor. Es nuestro interior el que sale herido y necesitamos algún tipo de limpieza. Hemos pecado y justamente necesitamos reconciliación.

3718830750_a0d4c4d4a2Para acercarnos a ese momento necesitamos dos actitudes: humildad y deseo de cambiar.

La humildad nos dice que algo no anda bien y debemos hacer algo para que eso cambie.  Se opone al orgullo, que aplasta cualquier intento de mejorar, con el pretexto de que tengo todo bajo control y se debe hacer a mi manera.  El deseo de cambiar es el motor que empuja a transformar lo que no da vida. Cambiar el mal por el bien.  En el lenguaje clásico nos referimos a la “conversión”.

Sin estas dos actitudes tendré un sinfín de pretextos para no acercarme a la reconciliación.  Evito verme interiormente, por temor a lo que pueda encontrar.  Evito pedir perdón a quien he fallado.  Repito la imagen de Adán y Eva que se esconden de Dios porque sienten vergüenza.  Pero reconciliarme me devuelve el perdón y la paz que he perdido.  Es experimentar sanar las heridas internas.  Expulsar lo que ha distorsionado lo mejor de mí y recuperar con ello la tranquilidad personal.14708_confesion

Por todo ello, busco la reconciliación.  Pido perdón y recupero la alegría que el pecado me había robado.

Oración, ayuno y misericordia son inseparables

De los sermones de San Pedro Crisólogo, obispo y Padre de la Iglesia.

La oración llama, el ayuno intercede, la misericordia recibe

oracion-viva1Tres son, hermanos, los resortes que hacen que la fe se mantenga firme, la devoción sea constante, y la virtud permanente. Estos tres resortes son: la oración, el ayuno y la misericordia. Porque la oración llama, el ayuno intercede, la misericordia recibe. Oración, misericordia y ayuno constituyen una sola y única cosa, y se vitalizan recíprocamente.

El ayuno, en efecto, es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno. Que nadie trate de dividirlos, pues no pueden separarse. Quien posee uno solo de los tres, si al mismo tiempo no posee los otros, no posee ninguno. Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le súplica.compartiendo_el_pan

Que el que ayuna entienda bien lo que es el ayuno; que preste atención al hambriento quien quiere que Dios preste atención a su hambre; que se compadezca quien espera misericordia; que tenga piedad quien la busca; que responda quien desea que Dios le responda a é1. Es un indigno suplicante quien pide para si lo que niega a otro.

Díctate a ti mismo la norma de la misericordia, de acuerdo con la manera, la cantidad y la rapidez con que quieres que tengan misericordia contigo. Compadécete tan pronto como quisieras que los otros se compadezcan de ti.

pan_vivoEn consecuencia, la oración, la misericordia y el ayuno deben ser como un único intercesor en favor nuestro ante Dios, una única llamada, una única y triple petición.

Recobremos con ayunos lo que perdimos por el desprecio; inmolemos nuestras almas con ayunos, porque no hay nada mejor que podamos ofrecer a Dios, de acuerdo con lo que el profeta dice: Mi sacrificio es un espíritu quebrantado: un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias. Hombre, ofrece a Dios tu alma, y ofrece la oblación del ayuno, para que sea una hostia pura, un sacrificio santo, una víctima viviente, provechosa para ti y acepta a Dios. Quien no dé esto a Dios no tendrá excusa, porque no hay nadie que no se posea a si mismo para darse.

Mas, para que estas ofrendas sean aceptadas, tiene que venir después la misericordia; el ayuno no germina si la misericordia no lo riega, el ayuno se torna infructuoso si la misericordia no lo fecundiza: lo que es la lluvia para la tierra, eso mismo es la misericordia para el ayuno. Por más que perfeccione su corazón, purifique su carne, desarraigue los vicios y siembre las virtudes, como no produzca caudales de misericordia, el que ayuna no cosechará fruto alguno.caridad

Tú que ayunas, piensa que tu campo queda en ayunas si ayuna tu misericordia; lo que siembras en misericordia, eso mismo rebosará en tu granero. Para que no pierdas a fuerza de guardar, recoge a fuerza de repartir; al dar al pobre, te haces limosna a ti mismo: porque lo que dejes de dar a otro no lo tendrás tampoco para ti.

-Del Oficio de Lectura, Martes III de Cuaresma.

La Cuaresma

blank-flier-de-grupos-de-estudioLa Biblia está llena de números simbólicos.  El cuarenta es uno de ellos.  Recordemos que son cuarenta años los que pasa el pueblo de Israel en el desierto.  Cuarenta días y cuarenta noches fueron de diluvio según el libro de Génesis.  Cuarenta los días que Jesús estuvo en el desierto.  Nuestra mentalidad occidental buscaría contar literalmente dichas fechas, pero la mentalidad semita (fuente de gran parte de la Biblia) no se interesa por los datos exactos, sino por el símbolo que transmiten.  ¿Qué quiero decir? Que cuando se habla de cuarenta en la Biblia se hace referencia a un período de preparación, un camino, una situación que prepara para algo grande.

Así, los cuarenta años del desierto del pueblo de Israel le preparan para ingresar a la tierra prometida.  Los cuarenta días de diluvio preparan para la nueva creación y los cuarenta días de Jesús en el desierto le preparan para iniciar la misión encomendada.  Con este trasfondo de “preparación” tenemos en la Iglesia Católica la cuaresma.  Es una cuarentena para alistar el corazón con miras a un gran acontecimiento: la pascua.tentacion-dinerocopy

La Pascua de Jesús es el centro de la fe cristiana.  Pascua significa “paso”. La primera pascua es la pascua judía, el “paso” de la esclavitud a la liberación.  La Pascua de Cristo es el “paso” de la muerte a la vida.  Así, la pasión, muerte y resurrección de Jesús son el punto más alto de celebración de nuestra Iglesia.  No entendemos nuestra fe si no es desde el misterio de la cruz y la resurrección de Jesús.

Luego de comprender la importancia de la Pascua, podemos decir que los cuarenta días de la cuaresma nos preparan para ese gran acontecimiento. Es un nuevo desierto para una nueva tierra prometida.  Un camino que nos conduce para la gran misión: nuestra redención.  La cuaresma no es un fin en sí misma, sino un instrumento para llegar con el corazón listo hacia las fiestas pascuales.

opresic3b3nPara alistar el corazón recordemos el sendero del desierto y acudamos nuevamente a la Biblia: soledad, silencio, sacrificio, oración.  Dejar botado lo que es accesorio y quedarnos con lo realmente importante.  Alejarnos del ruido y afinar el oído para escuchar la voz de Dios.  Practicar la misericordia, la solidaridad, el perdón, la reconciliación.  En pocas palabras, buscar el camino de la conversión.

Quiera Dios que este tiempo nos sirva para poner en cuarentena nuestra vida y podamos con ellos ponernos en marcha hacia el encuentro de su voluntad.

Alistar el corazón en Navidad

comprador-compulsivo-compradora-compulsiva-promocao-liquidacao-desvio-genetico-gen-mark-ellwoodTodos parecen estar alegres. Hay mucha gente en las calles, los comercios cierran más tarde, la comida abunda y las invitaciones y regalos se multiplican. ¿El motivo? La navidad.  Las casas están listas, muchos han comprado ropa para estrenar, la fiesta es contagiosa. Pero ¿sabemos realmente qué celebramos?

La navidad no es cuestión de comprar y vender. No es asunto comercial ni de mercadeo.  La navidad no se rige por las luces de colores, ni por la nieve, ni por el árbol, ni por el simpático abuelo vestido de rojo.  Todo eso es accesorio, no es el centro.v14j

En medio de tanta fiesta, me da miedo que olvidemos lo esencial.  La navidad es un niño que representa la solidaridad de Dios, que se hace uno-de-los-nuestros.  Es la grandeza hecha pequeñez, el amor hecho carne, la esperanza que grita al cielo con voz de bebé.

En la teoría vamos bien. Todos lo sabemos y lo profesamos, en cierto modo.  Sin embargo, debemos hacer vida lo que creemos.  Como Dios lo ha sido con nosotros, hemos de ser solidarios con los demás.  Compartirnos. Abrir el corazón, ayudar, ser instrumento de Dios para hacer el bien.

430951_384292098327463_1710573975_nDe nada sirve tener la mesa llena en navidad si hay personas con hambre en las calles.  De nada sirve iluminar la casa con miles de lucecitas si el corazón está en oscuridad y tiniebla.  De nada sirve desear feliz navidad si no soy capaz de construir la paz en mi propia familia y comunidad.  ¿De qué sirve tener tanto si por dentro estamos vacíos?

Por eso, recuperemos el sentido de la navidad.  Rescatemos en nuestro hogar el encuentro familiar, el perdón, la generosidad y la solidaridad.  Hagamos que este tiempo nos una.  Que no sean los centros comerciales los que nos convoquen, que no sean las compras lo que nos preocupen.  Abramos la Biblia, oremos, acerquémonos al que ha querido poner su morada en medio de hombres y mujeres.

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El nacimiento del niño es la apuesta de Dios por nosotros. Aunque haya abortos, aunque haya guerra, aunque la muerte nos visite con su fuerza destructiva… No hay mal que sea mayor que el amor de Dios.  No todo está perdido.  Hay esperanza y fuerza para seguir avanzando.  Nos toca recordarlo y anunciarlo. Eso sí que vale la pena celebrarlo.   Que no nos baste con tener feliz navidad.  Hagamos que esta navidad también sea feliz para otros.

¿navidad o vanidad?

confesarse por internet…

Vida Consagrada

FT (5)El Papa Francisco ha llamado Año de la Vida Consagrada este 2015 a punto de iniciar. ¿Quiénes forman la vida consagrada? Usted los ha visto alguna vez: monjas, monjes, frailes, hermanas, religiosos, religiosas etc. Hay de todos los colores, de todas las naciones, con hábito y sin él, sacerdotes o hermanos.  Constituyen una gran familia, que ha decidido seguir a Jesús de un modo especial: la consagración.

Consagrar quiere decir “hacer que algo sea sagrado”. Lo sagrado refiere a lo divino. Traducción: el consagrado, la consagrada, se dedica a Dios. Esta consagración es el distintivo de este tipo de cristianos.  No son más, ni menos, que el resto de los que siguen a Cristo. Sin embargo, su camino es distinto.

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A lo largo de los años han sido muchos los que se han dedicado a seguir a Jesús de una manera particular.  Recordamos a Francisco y Clara de Asís, Domingo de Guzmán, Ignacio de Loyola, Alfonso de Ligorio, Teresa de Ávila, Benito de Nursia, Teresa de Calcuta, Pedro de Betancur y así, una larga lista.  Hombres y  mujeres que dejaron el estilo de vida “normal” para entregarse a las cosas de Dios de una  manera radical.

Esa radicalidad suele distinguirse por los votos: pobreza, castidad y obediencia.  La idea es ir tras los pasos de Dios al estilo de Jesús: pobre, casto y obediente.  El hombre que escucha la voluntad del Padre y la hace suya, que no se entrega a una persona para darse a todos y que lo hace desde la pequeñez.

IMG_9303Los votos de pobreza, castidad y obediencia son ahora llamados consejos evangélicos. Ya no pertenecen solamente a los consagrados, sino que son inspiración para muchos.

La pobreza ayuda a desinstalarnos.  Mientras la realidad nos invita a acumular, la pobreza nos enseña a desprendernos.  El mundo apoya el éxito competitivo, el ideal evangélico apuesta por el servicio, la donación generosa y la solidaridad.  Nos recuerda a Jesús naciendo en un pesebre, viviendo sin casa propia y siendo enterrado en un sepulcro prestado.  La clave está en confiar en Dios.

IMG_9986La castidad ayuda a abrir el corazón.  Muchos dedican su vida a una persona, entregan su amor, su cuerpo y vida entera a la pareja.  Es un amor exclusivo.  La castidad nos lleva a un amor inclusivo: no me entrego a una sola persona, sino que estoy disponible para entregarme a todos.  Jesús no hace proyecto de vida con una mujer, no vive para tener su propia familia. Aunque esto sea bueno, muy bueno, se dedica a algo distinto.  La clave está en amar y servir.

La obediencia ayuda a despojarse de sí mismo.  Todos quieren mandar, estar “arriba” del resto y gobernar.  La obediencia nos enseña a entregarnos a la voluntad de Dios, mirar con ojos de fe y convertir la autoridad en servicio.  Jesús nos ha enseñado a no buscar ser servidos, sino a servir y a no pretender los primeros puestos.   La clave está en ser pequeños para ser grandes.

PapaFranciscoConJovenesLos consejos evangélicos y la vida consagrada no son un punto de partida.  Son un ideal en construcción permanente.  Nadie está ya en la meta.  Somos peregrinos, buscadores, caminantes, pescadores y, sobretodo, inquietos servidores de la viña del Señor.  Pecadores, como todos. Nuestra vocación es la de ser flecha: señalar el camino.

Este año dedicado a la Vida Consagrada nos ayude a revitalizar nuestro llamado, a contagiar a nuevos jóvenes a consagrarse y a imprimir alegría a la Iglesia y al mundo entero.  Algo así como lo que está haciendo el Papa Francisco.  Por cierto, el Papa es un consagrado, ¿lo sabías?

¿Dónde están los que se suicidan?

frutrsacionokUn familiar, un amigo, se ha suicidado.  Ha decidido poner fin a su existencia.  Al dolor de la muerte hay que agregar el dolor de la impotencia, la frustración, el enojo que esta situación puede acarrear.  Surgen infinidad de preguntas y el abismo se abre paso en la propia vida, hundiendo todo a su paso.

Entre esas preguntas hay un planteamiento que debemos abordar desde la fe: ¿Dónde están los que se suicidan? ¿Qué pasa con ellos? ¿Merecen el castigo de Dios? ¿Están en el infierno?

MIEDO-3Para acercarnos a ese tema, debo antes dejar en claro un término: pastoral del miedo.

La pastoral del miedo ha sido durante mucho tiempo una actitud errónea para lograr la conversión, adhesión y fidelidad de los creyentes.  Historias terroríficas de condenados, demonios con olor a azufre, infierno de aceite hirviendo en espera de los que no guardaran la fe.  El fin era bueno, pero los medios no tanto.  Quisiera decir que en el Siglo XXI se ha superado dicha actitud, pero desgraciadamente aún permanece en la memoria colectiva fuertes marcas de la pastoral del miedo. Hay iglesias y pastores que engrosan sus filas amenazando con esta actitud.

35433_134225453271745_133228760038081_270741_2697385_nLa pastoral del miedo no logra creyentes maduros, sino servidores atemorizados.  No se sigue a Dios por amor, sino por pánico.  No se acerca a la Iglesia por atracción para dar vida, sino para cumplir ciegamente una ley para evitar el castigo.  Esta actitud se parece más a los fariseos del Evangelio[1] que al padre misericordioso que abre los brazos al hijo que consideraba perdido[2].

Ha sido la pastoral del miedo la que empujó durante mucho tiempo a cerrar las puertas a los que se suicidaron, incluso los cementerios e iglesias.  Es la pastoral del miedo la que sigue anunciando fuego y castigo eterno.  Técnicamente el miedo serviría de freno de mano para aquel que intentara suicidarse.  Ya vemos que no es cierto. 580392_435457733158119_1146780549_n

 

 

¿Qué podemos, entonces, decir hoy? Lo primero, es que todos seguimos en las manos de Dios[3].  Que nadie tiene el derecho de ocupar su lugar para criticar, juzgar, o peor aún, condenar[4].  Segundo, el que se suicida sigue siendo un hijo de Dios y aunque haya realizado un acto de tal magnitud es Dios quien conoce sus motivaciones últimas.  Tercero, si se ha derramado la sangre de Jesús por la salvación de los pecadores, ¿por qué habría de negarse dicha salvación a estos hermanos? ¿Es más grande la debilidad de los que caminaron esa senda que el amor de Dios? De ninguna manera.

10440805_10154844124645597_6997374044070394640_nLa imagen del Dios castigador ha sido superada desde hace mucho tiempo.  Aunque en la Palabra de Dios leamos pasajes en los que se refiere a dicha imagen divina, hemos de recordar que Dios nos da el intelecto para que progresemos en el conocimiento de su amor y su voluntad.  En alguna parte de la Biblia se acepta la esclavitud y se pide apedrear a quien comete adulterio. Esto es hoy inaceptable para cualquier iglesia que se considere seria. Hemos de madurar entonces nuestra fe, e ir compartiendo la imagen de Dios que nos da Jesús: un padre amoroso.

padre-hijo-1Este padre amoroso es el que se transparenta en el Evangelio.  Recordemos el pasaje de la mujer adúltera de Juan 8.  Aunque para los que le llevan a presencia de Jesús había razones válidas para apedrearla y darle muerte, según la ley que ellos profesaban y el contexto en que vivían, la actitud de Jesús no es condenatoria.  Al contrario, no solo no la juzga, sino que le da una nueva oportunidad.  Y no solo a ella, sino también a los que llevaban piedras en la mano.  Ojalá aprovechemos hoy esta oportunidad: primero, alejarnos del juicio, la crítica, el cuestionamiento ante quien se suicida y su familia.  Y segundo, confiar con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, en la misericordia de Dios.

¿Dónde están los que se suicidan? En las manos de Dios.

 

Notas:

[1] Jesús en Mateo 23, 13 dice  “¡ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes cierran a la gente el Reino de los Cielos. No entran ustedes, ni dejan entrar a los que querrían hacerlo.” Y más adelante en el versículo 27 vuelve a insistir:  “ Ustedes pagan el diezmo hasta sobre la menta, el anís y el comino, pero no cumplen la Ley en lo que realmente tiene peso: la justicia, la misericordia y la fe. Ahí está lo que ustedes debían poner por obra, sin descartar lo otro

[2] La parábola del Padre Misericordioso (antes llamada “del hijo pródigo”)  la encontramos en Lucas 15, 11-32

[3] Para hablar de la imagen amorosa de Dios, podemos citar los siguientes textos:  Isaías 49, 15; Juan 3, 16; 1Carta de Juan 4, 6-11

[4] El apóstol Santiago nos dice “Hermanos, no se critiquen unos a otros. El que habla mal de un hermano o se hace su juez, habla contra la Ley y se hace juez de la Ley. Pero a ti, que juzgas a la Ley, ¿te corresponde juzgar a la Ley o cumplirla? Uno solo es juez: Aquel que hizo la Ley y que pude salvar y condenar. Pero, ¿quién eres tú para juzgar al prójimo?”  St. 4, 11-12

 

El Suicidio de un familiar

SoledadCuando el suicidio toca la familia, parece que la muerte no se acaba con el funeral y el entierro del ser querido.  Todo, absolutamente todo, se ve impregnado de dolor, angustia y tristeza.  Por ser un momento tan fuerte en la existencia, por debilitarnos tanto, por disminuir abruptamente nuestras fuerzas físicas, mentales y espirituales, nos volvemos en blanco fácil de la tentación.

Una primera tentación es la culpa: ¿Por qué no hice nada? ¿Por qué no lo pude evitar? ¿Por qué no vi a tiempo esta amenaza? Hemos de aclarar que la culpa no viene de Dios: la culpabilidad es el martillo del mal espíritu, que hunde nuestra existencia.  Y lo que es peor, gasta tanto nuestra fuerza, que entorpece la vista para buscar una salida.  ¿Qué hago? Lo que hago ante cualquier tentación cuando aparece: huyo y pido a Dios fuerzas para salir de ahí.  Si quiero sustituir la culpabilidad, puedo emplear la responsabilidad: mis fuerzas serán empleadas para ayudar a otras personas.  Mi salvación la puedo encontrar sirviendo a otros. Hacer el bien ayuda a cicatrizar el corazón. Cabe aclarar que para llegar a este punto, antes he de permitirme ser ayudado. Nadie puede dar a otro lo que no ha recibido previamente.culpa_800x669

Otra tentación es sentir que mi vida también se ha perdido.  No soy digno de estar vivo si mi hijo se ha quitado la vida.  Mi rumbo se tuerce, el horizonte se nubla y la tormenta se ha instalado de manera definitiva.  Sin embargo, sin quererlo, estoy tomando el mismo camino de aquel que se ha suicidado.  La mejor forma de honrar a aquellos que hemos perdido es tener una vida digna.  Mi hogar, mi familia, los sobrevivientes del suicidio de un ser querido, necesitan luz, no tinieblas.  El poder de la muerte debe encontrar un “alto” desde la fe y la esperanza.  No es posible que el dolor sea más grande que el amor, no podemos permitir que la tristeza venza las ganas de vivir.  Retomar el camino de la vida, cicatrizando poco a poco las heridas, es el mejor homenaje que podemos dar a Dios y a los que amamos.

Enojado 2Una tercera tentación es echar por la borda mis creencias y pelearme -oficialmente o no- con Dios.  ¿Qué sentido tiene todo esto si no pudo evitar una tragedia como la que he vivido? Sin embargo esta lógica es engañosa.  La fe no sirve para evitar las tormentas, sino para tener paraguas en medio de ellas.  Dios no evita el sufrimiento, la lógica de la cruz no es la anestesia que quita el dolor. La cruz significa la solidaridad de Dios mismo, que vive con nosotros las dificultades y la amargura y promete el consuelo en esta vida y la plenitud al final.  A veces es natural reclamar a Dios: es la oración que nace de un corazón dolido y golpeado.  Puedo suponer que la respuesta sería algo como: “Ten paciencia, la marea tarde o temprano va a volver a retomar su curso. Intenta confiar en mí”.Ateismo

Repito: es natural que en algún momento brote el enojo con Dios.  El corazón puede dejarse guiar por el resentimiento, la ira y la desesperación.  Hay que tener cuidado de no caer en rigorismos morales y con ello abrirle paso nuevamente a la culpa, que solo carcome la conciencia y no permite cicatrizar adecuadamente. ¿Qué hacer? Pensar que no hay terremoto eterno.  Tener como convicción que luego de la tormenta vuelve la calma.  Dios va a estar siempre ahí, esperando.  Sin talonario de facturas pendientes.  Sin ánimos de cobrarnos los errores que hemos cometido.  Al contrario, con los brazos siempre abiertos y dispuesto a recibirnos nuevamente en casa.aceptar-y-no-negar-la-realidad

Una tentación más sería alejarme de toda realidad, desconectarme del entorno, fingir que nunca ha sucedido, e incluso, evitar cualquier situación que suponga abordar el tema.   Es un mecanismo de defensa que se llama “negación”.  Recordemos: cuando éramos niños y nos caímos al aprender a usar la bicicleta, juramos no volver a montarla.  Cuando alguien se acercó a limpiar la herida sangrante, lloramos y queríamos evitarlo.  Pero cuando no se limpia y ventila una herida, simplemente llega la infección y duplica los problemas.  En el duelo sucede lo mismo.  Dar la espalda a la situación, intentar alejarnos de la realidad nunca lo solucionará. Al principio prolongará la dificultad, pero luego lo reprimido retornará de manera perjudicial.  ¿La solución? Hablarlo, compartirlo, ventilarlo.  Esforzarse por no perder la paz en el corazón.  Aunque duela, una herida tratada cicatriza más rápidamente.Hope-vs-Faith

Cuando nos enfrentamos a la muerte, hay que protegernos con las armaduras que nos da el Dios de la vida.  Acercarse a Él, alimentarnos con su Palabra de manera continua, buscar grupos de apoyo, sujetarse de la comunidad creyente… hay muchas alternativas para salir adelante…  No podemos darnos el lujo de morir con nuestros seres queridos.  La esperanza nos dice que vendrá un día en que volveremos a vernos y compartiremos con alegría.  Mientras ese tiempo llega, sigamos defendiendo la vida: la nuestra y la de nuestra familia.  Aunque nos enfrentemos a la dureza de la muerte, seamos siempre bendición y luz. Dignos hijos del Padre que está en los cielos.1273986092426_f