Motivos para alegrarse. IIIdomAdv

Cuando viví en Nicaragua, me tocó visitar a una anciana en el hospital. Los médicos le daban muy poco tiempo de vida, pero no parecía importarle del todo. Después de compartir la unción de los enfermos, ella tomó mi rostro con sus manos y dijo: “¡Me siento muy feliz! Que usted esté acá me recuerda que Dios sigue pensando en mí”. Con un nudo en la garganta volví a casa cural. La señora no imaginó que sus palabras eran instrumento para darme alegría, en medio de una fuerte crisis en mi sacerdocio.

Ella tendría “razones válidas” para deprimirse, entristecerse y dejarse morir.  Sin embargo, en su corazón, débil por los años, había abundante vida. Había esperanza, había fe. Ella fue buena noticia para mí, que también tenía “razones” para hundirme.  Su corazón fue alegría, como un oasis que calma la sed en medio del desierto. La ternura de Dios la vi en sus ojos esa tarde. Me sentí un poco avergonzado por la preocupación que tenía, al conocer la difícil situación de ella y el ejemplar manejo que estaba haciendo. Son lecciones que no aprendemos en las aulas.

Y es que en medio de nuestras tormentas, corremos el riesgo de perder el rumbo.   Los diluvios existenciales, las nevadas emocionales amenazan el calor del interior.  Ahí es donde surge fuerte la palabra de Pablo: “estén siempre alegres…” (1Tes. 5,16). La alegría interior no se reduce a una sonrisa perpetua (que mal no cae), sino a una manera de mantener la paz en medio de toda circunstancia. Es como una forma de vivir el aguacero sin dejar la mitad de la vida en él. Cuidar la alegría, no dejar que se apague esa llama internamente.

La frase que le sigue es “oren constantemente” (1Tes. 5,17), es decir, lo que no tengo lo pido. ¿Me falta paciencia? ¿Me desespero? ¿Me agobio con facilidad? Una clave importante es saber pedir ayuda oportunamente.  Hablo con Dios, de amigo a amigo. Me desahogo. Establezco comunicación. Y me acojo también a mi confidente, ese amigo o familiar que tiene el suficiente cariño para escucharme. En medio de las dificultades una tentación común es el aislamiento.

La tercera invitación de Pablo es “en todo, den gracias de  corazón” (1Tes. 5,18). La alegría no cabe en un corazón ingrato.  Dar gracias es sonreír con el alma.  Quien comparte agradecimiento deja abonada la tierra para sembrar nuevamente. Ojalá empleáramos nuestra memoria para recordar las cosas buenas que hemos recibido y no para almacenar solamente heridas y resentimientos pasados. Agradecer es compartir de vuelta un poco de la bendición que llega a nuestra vida.

Estar siempre alegres, ser constantes en la oración y dar gracias de todo corazón son actitudes geniales para nuestro tiempo en general y para el adviento en particular. Ser buena noticia, vendar corazones desgarrados, generar libertad para quien se siente esclavizado, desbordar de gozo por el amor de Dios, son otras pistas que nos da Isaías para vivir auténticamente la fe.  Son motivos para alegrarse y motivos para dar alegría. La anciana del hospital compartió su alegría. Esa alegría es hoy para mí como un tatuaje en el corazón.

 

Consuelen. Hablen. Griten. (IIDomAdv)

PatchAdams_1920x1080_ENG_US_Still_HE_Clean_RGB_V1Con la fe sucede como con el agua. Si se encierra, si se estanca por mucho tiempo, tiende a perder su vitalidad. Lo que escuchamos en el templo no es para dejarlo guardado en el templo.  Vamos a la Iglesia a recargar nuestro corazón, para poder compartir lo que hemos recibido. De lo contrario, la fe se nos convierte en un ejercicio intimista (lejos de los demás) e espiritualista (Dios y yo, yo y Dios).  Creer no nos aleja de la realidad, sino que nos invita a trabajar en ella para mejorarla.

De hecho, es Dios mismo quien nos invita a recibir para compartir.  Moisés se encuentra con el Señor y es enviado a ayudar al pueblo. Pablo conoce a Jesús y no descansa hasta que otros le conozcan.  María embarazada no espera ser servida, sino que sale a ayudar a su prima que también espera un bebé.  Pertenecemos a un engranaje de servidores. Dios sigue trabajando a través de instrumentos y cuenta con nosotros. Creo que es mejor plantearlo como pregunta: ¿cuenta Dios con nosotros?

En el Adviento (el tiempo que nos sirve de preparación en la Iglesia Católica para la Natividad de Jesús), escuchamos la voz de Isaías, que invita a consolar al pueblo.  Ellos lo han perdido todo.  El profeta puede elegir entre llorar, lamentarse y unirse al sufrimiento, o bien, consolar, dar motivos para la esperanza en medio de la dificultad.  Hoy nos corresponde más o menos lo mismo. Tenemos muchos motivos para sentarnos y lamentarnos por lo mal que va el mundo. O podemos optar por ser instrumentos de fe, de alegría y de consuelo.

Hay que ser honestos. Unos nos escucharán, otros no. El profeta no duda en hablar, pero también invita a gritar, a alzar fuerte la voz. No se trata de tomar un altavoz en una plaza, precisamente. La cuestión es que nuestras acciones tengan eco. Dios sigue enviando mensajeros y hoy nos toca a nosotros.  Una sonrisa en medio del vértigo de cada día. Un saludo afectuoso que rompa la inercia de la rutina. Un detalle que derrita la enemistad declarada. Ser creyente se traduce al día a día o se difumina en la monotonía cotidiana.

Para el que quiera jugar ligas mayores hay muchas posibilidades. Alzar fuerte la voz es donar en silencio las vacaciones para servir como voluntario. Presupuestar una parte del aguinaldo para compartir con alguien que sé que está pasándolo mal.  Acercarme nuevamente a la persona que me hizo daño e intentar reparar el puente que se destruyó (sin buscar culpables ni condenas).  Consolar es amar. Mientras tantos se preocupan por adornar el exterior, la fe acompañada por las buenas obras da luz en nuestro interior. Luz que se contagia a otros.  Luz que da vida. Luz que prepara el camino a Jesús.

“Yo envío un mensajero delante de ti”, dice Dios. Ese mensajero soy yo. Ese mensajero eres tú. Preparar el camino es alistar el corazón. En medio de las compras, las ofertas, los ríos interminables de personas, busquemos lo que nos da realmente vida. Lo que nos alegra no por un momento, sino lo que nos aporta auténtica felicidad. Eso que no se logra comprar con dinero.  Esperamos que Dios nos encuentre en paz.

 

Vigilantes

7702_abogado-penalTenemos suficientes motivos para querer ignorar las noticias.  Guerras en buena parte del mundo, hambre, migraciones, violencia y asesinatos.  Los líderes políticos no animan mucho que digamos. A pesar de los esfuerzos, el cuidado de los recursos naturales no es una prioridad. Y las religiones parecen no aportar muchas soluciones. En casos extremos, pueden ser fuente de fanatismo y odio.

Una persona sensata nos puede invitar a ver otra parte de la realidad.  Hay mucha gente que tiene trabajo. El voluntariado sigue vigente en jóvenes y adultos (sí, aquellos que deciden compartir con otros, sin cobrar un centavo).  La tecnología y la ciencia están buscando soluciones. La erradicación de los problemas mundiales están en agenda para muchos países. Entonces ¿está el vaso medio vacío o medio lleno? Depende del lado que estemos trabajando.medio lleno medio vacio

El profeta Isaías nos habla de aquellos que se han extraviado del camino, los que han endurecido el corazón. Son los que se marchitan, los que no dan fruto.  Los indiferentes, los que viven solamente para sí mismos y cierran sus ojos a los demás.  Es muy fácil olvidarnos del mundo que existe fuera de casa.  Fijar la mirada exclusivamente en celulares, tablets y pantallas.  Ya sabemos que un tuit contra la pobreza no es solidaridad si no va acompañado de una acción concreta. Le gustaría ayudar a los necesitados. Ya les di un like

La invitación en adviento nos sitúa del otro lado de los indiferentes.  Es cierto que “yo solo no puedo cambiar el mundo”, pero no podemos dejar de hacer el bien en la parte del mundo que nos corresponde.  Decidimos si propiciamos la guerra en el hogar o si buscamos soluciones para pacificarnos. Decidimos si gastamos el aguinaldo exclusivamente en nosotros o si compartimos con otros que necesitan. Decidimos si las malas noticias son motivo de eterno agobio o momento para buscar nuevas fuerzas para seguir luchando.

Ser vigilante es no rendirse ante las malas noticias, por abundantes que sean.  Es luchar por la vida, aunque las estadísticas hablen de muerte. Es apostar por el perdón y no resignarnos a odiar, incluso teniendo razones válidas para hacerlo. Permanecer vigilante es ser luz en medio de cualquier oscuridad.  Es mantener encendida la llama de la esperanza y no ceder a la desesperación. 31177_120192511353574_101831186523040_107375_1524364_n

Este tiempo es propicio para repensar. ¿Estamos dormidos, aletargados, somnolientos? ¿O estamos despiertos, vigilantes y espabilados? La lectura dominical nos invita a estar en vela.  Atentos.  Es probable que decidamos decorar la casa, colocar luces y adornos especiales. Hagamos lo mismo con el corazón y con la familia: decoremos con las buenas obras, coloquemos la luz de la generosidad y adornemos con la belleza de la esperanza.

Primer Domingo del Tiempo de Adviento

Lecturas Dominicales I Domingo Adviento 

Solidaridad en acción

24252242_10159681691420597_1783055638_nDesde hace varias semanas veo a mucha gente trabajando. Algunos cantan, otros hacen material para decoración escenográfica.  Unos tocan instrumentos, otros comparten en redes sociales el evento. He visto organizadores y promotores.  Todos ponen su talento al servicio de una misión: compartir.

Me refiero a los inquietos voluntarios de las parroquias redentoristas en España.  Con la bandera de la Asociación para la Solidaridad (la ONGD de la Congregación del Santísimo Redentor), comparten sus dones para recaudar fondos y apoyar la misión de otros misioneros en distintas partes del mundo.  Hay mujeres y hombres, jóvenes, adultos, matrimonios, niños y personas mayores. 24257423_10159681688115597_376284147_n

Además del talento, comparten creatividad, alegría, buena vibra y sobre todo dos cosas que no se regalan fácilmente: trabajo y tiempo.  Horas de ensayos, desvelos, cancelación de compromisos personales, etc. Las horas previas a los eventos son frenéticas, pero los resultados son combustible para proyectos de desarrollo social. Los conciertos, rastrillos, torneos deportivos, cenas, verbenas y demás actividades que realizan llevan un elemento común: la solidaridad.

24281686_10159681756775597_316502714_oEn tiempos de globalización, ellos dan lo que tienen para que otros en otra parte del mundo cuenten con algo que no poseen todavía.  En medio de sus estudios, trabajos y actividades personales, sacan un tiempo para servir.  El Papa Francisco nos habla de globalizar la caridad y ellos lo están haciendo.  Pocos, muy pocos, llegarán a conocer de primera mano la obra que realiza la Asociación para la Solidaridad en los distintos sitios.  Sin embargo, la labor de hormiga es esperanza para muchas personas.   as1

Pienso en el niño que va a la escuela nueva en Trojes, Honduras; en la niña que recibe alimentos en Lima, Perú; en la mujer que aprende a hornear pan en Ciudad Juárez, México; en los ancianos que tienen un lugar de atención en Guatemala; en los estudiantes que tienen una biblioteca en Costa de Marfil. Y la lista sigue.  Por ellos, gracias.

24252291_10159681691365597_1387672337_nGracias por el esfuerzo, el cariño, el tiempo, las jornadas intensas y los líos armados. Gracias por soñar juntos y no quedarse con los brazos cruzados. Gracias porque ponen en obras lo que muchos compartimos desde la predicación.  Gracias por ser redentoristas y porque permiten que con su testimonio la fe se vuelva bendición para muchos. Gracias porque siguen siendo instrumento de Dios para dar vida en abundancia. Gracias porque sensibilizan a otros, para que contribuyan desde su realidad.  Tengan por seguro que estos esfuerzos no quedarán sin dar fruto.

¿Quieres conocer? ¿Quieres apoyar? www.asolidaridad.org   24204810_10159681734920597_267398398_n

El Papa Francisco

 

o-POPE-ROLLING-STONE-570Un “joven” de 78 años está rejuveneciendo la Iglesia Católica.  Es la historia de un hombre que se hace grande haciéndose pequeño.  Un Papa que sabe a abuelo, pero no de esos aburridos y regañones, sino de los que siempre tienen algo alegre para compartir, una sonrisa para brindar y una enseñanza para aprender.  Es el Papa de los abrazos, el Papa cercano, el Papa de todos nosotros.  Francisco-22

 

Su espontaneidad pone de cabeza a los guardias de seguridad.  Sus chistes y cómicas salidas lo vuelven desenfadado.  Su sencillez llama la atención de muchos.  ¿Qué tiene ese hombre que hace ponerse de pie al pleno de la ONU para aplaudirle? ¿Qué es lo que hace para convertirse en líder mundial, más allá de las fronteras de la Iglesia que preside? ¿Por qué provoca las lágrimas igual de un niño brasileño que del presidente del Congreso norteamericano? 10533906_10203112206755988_7813545738564962265_n

 

He pensado en tres puntos.

 

  1. PROFUNDA HUMANIDAD  Estamos ante un hombre que no ha olvidado que es ser humano.  Francisco toca a la gente, se acerca a ella, no tiene asco alguno ante el prójimo.  Aunque está en lo más alto de la jerarquía, no es insensible.  Recuerda la lección del Maestro que dijo que viene a servir y no a ser servido.  En su agenda ha colocado al que sufre, al olvidado, al pobre… e invita a todos a hacerse cargo, a colaborar, a no ser indiferentes. Y algo más: actúa sin detenerse a preguntar si son o no son de los que creen o piensan igual que él.  Es el Papa destruye fronteras.  filecdn
  2. LENGUAJE COMPRENSIBLE  Es interesante que no usa discurso religioso fuera de los templos.  Muchos se rasgaron las vestiduras cuando cayeron en cuenta que no empleó la palabra “Jesús” en su intervención ante los congresistas.  Sin embargo, todo lo que dijo fue buena noticia.  Supo a Evangelio puro, consuelo para el que sufre y denuncia para el que ha perdido el camino.  Francisco habla al corazón y es por eso que todos lo comprenden.  Obama le dijo: “usted despierta nuestras conciencias”.  Recordemos que la conciencia -creemos- es la voz de Dios en nuestro interior.  f_2015-04-03_59
  3. COHERENCIA DE VIDA  No es que sea un hombre perfecto. Pero, como muy pocos líderes en el mundo, tiene autoridad moral para cuestionar e interpelar. Su austeridad confunde a los todopoderosos, la compasión devuelve la dignidad a los que sufren, su interés por el cuidado de “la casa de todos” (el mundo) lo conecta con las preocupaciones globales. papa time El cargo y liderazgo que posee no lo ha empleado para sí mismo, sino para los demás.  Y muchos lo están reconociendo.  Insisto, fuera y dentro de la Iglesia Católica.  548b6d9064eb6

 

En marzo del 2013, en medio del cónclave que elegiría a Bergoglio, señalaba en mi blog que me gustaría contar con un Papa más parecido a un amigo de mi barrio, que a un soberano monarca (http://www.padrebryan.com/?p=733), que escuchara a los grupos minoritarios, que supiera mostrar la solidaridad, el respeto y el perdón.   No dudo que Dios me ha escuchado.  Y se ha esmerado con el líder que ha regalado.

 

papa-francisco-jovenesAhora, le pido, que la lucha no la realice él solo.  Que muchos nos pongamos la mano en la conciencia y realmente colaboremos con el mundo que todos queremos.  Ya hemos dado admiración y aplausos al Papa Francisco. Ahora toca ayudar.  Es tiempo propicio.  El mundo no va a cambiar si solo un hombre quiere cambiarlo, aunque sea el Papa.  Es nuestra responsabilidad con la historia y con las generaciones siguientes. Francisco está hablando y actuando. Ve y haz tú lo mismo.

CONFESARSE EN PLENO SIGLO XXI

COnfessionCarEso de acercarse a un sacerdote para compartirle las cosas malas que he hecho y mis debilidades no suena tan fácil que digamos.  Confesarse suena difícil.  De hecho la solución fácil es no confesarse. Pero ¿será eso una solución o tan solo una excusa?

Algunos hemos experimentado eso de dejar caer el peso de nuestros hombros.  Librarnos de culpas y tristezas no es algo tan pasado de moda.  De hecho, la psicología nos invita a entrar en armonía con nuestra historia.  Al parecer, buscar la paz no es del todo tan mala idea.  ¿Qué hago entonces?imagescapezzo5

Lo primero, actualizar mi vocabulario.  Desde hace un tiempo en la Iglesia se emplea la palabra “reconciliación” para hablar del sacramento que hemos conocido como “confesión”. ¿Por qué la nueva palabra?  Porque el término confesión pone el centro en los pecados, el eje ha sido “vomitar” mis debilidades, mientras que “reconciliación” ubica el perdón de Dios y su amor como la clave de ese momento.

Cuando hemos tenido duras jornadas nuestro cuerpo suda y acumula suciedad.  Lo común es  bañarnos para solucionarlo.  También tenemos momentos de debilidad, situaciones en las que nos hacemos daño e incluso lastimamos a las personas que están a nuestro alrededor. Es nuestro interior el que sale herido y necesitamos algún tipo de limpieza. Hemos pecado y justamente necesitamos reconciliación.

3718830750_a0d4c4d4a2Para acercarnos a ese momento necesitamos dos actitudes: humildad y deseo de cambiar.

La humildad nos dice que algo no anda bien y debemos hacer algo para que eso cambie.  Se opone al orgullo, que aplasta cualquier intento de mejorar, con el pretexto de que tengo todo bajo control y se debe hacer a mi manera.  El deseo de cambiar es el motor que empuja a transformar lo que no da vida. Cambiar el mal por el bien.  En el lenguaje clásico nos referimos a la “conversión”.

Sin estas dos actitudes tendré un sinfín de pretextos para no acercarme a la reconciliación.  Evito verme interiormente, por temor a lo que pueda encontrar.  Evito pedir perdón a quien he fallado.  Repito la imagen de Adán y Eva que se esconden de Dios porque sienten vergüenza.  Pero reconciliarme me devuelve el perdón y la paz que he perdido.  Es experimentar sanar las heridas internas.  Expulsar lo que ha distorsionado lo mejor de mí y recuperar con ello la tranquilidad personal.14708_confesion

Por todo ello, busco la reconciliación.  Pido perdón y recupero la alegría que el pecado me había robado.

Oración, ayuno y misericordia son inseparables

De los sermones de San Pedro Crisólogo, obispo y Padre de la Iglesia.

La oración llama, el ayuno intercede, la misericordia recibe

oracion-viva1Tres son, hermanos, los resortes que hacen que la fe se mantenga firme, la devoción sea constante, y la virtud permanente. Estos tres resortes son: la oración, el ayuno y la misericordia. Porque la oración llama, el ayuno intercede, la misericordia recibe. Oración, misericordia y ayuno constituyen una sola y única cosa, y se vitalizan recíprocamente.

El ayuno, en efecto, es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno. Que nadie trate de dividirlos, pues no pueden separarse. Quien posee uno solo de los tres, si al mismo tiempo no posee los otros, no posee ninguno. Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le súplica.compartiendo_el_pan

Que el que ayuna entienda bien lo que es el ayuno; que preste atención al hambriento quien quiere que Dios preste atención a su hambre; que se compadezca quien espera misericordia; que tenga piedad quien la busca; que responda quien desea que Dios le responda a é1. Es un indigno suplicante quien pide para si lo que niega a otro.

Díctate a ti mismo la norma de la misericordia, de acuerdo con la manera, la cantidad y la rapidez con que quieres que tengan misericordia contigo. Compadécete tan pronto como quisieras que los otros se compadezcan de ti.

pan_vivoEn consecuencia, la oración, la misericordia y el ayuno deben ser como un único intercesor en favor nuestro ante Dios, una única llamada, una única y triple petición.

Recobremos con ayunos lo que perdimos por el desprecio; inmolemos nuestras almas con ayunos, porque no hay nada mejor que podamos ofrecer a Dios, de acuerdo con lo que el profeta dice: Mi sacrificio es un espíritu quebrantado: un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias. Hombre, ofrece a Dios tu alma, y ofrece la oblación del ayuno, para que sea una hostia pura, un sacrificio santo, una víctima viviente, provechosa para ti y acepta a Dios. Quien no dé esto a Dios no tendrá excusa, porque no hay nadie que no se posea a si mismo para darse.

Mas, para que estas ofrendas sean aceptadas, tiene que venir después la misericordia; el ayuno no germina si la misericordia no lo riega, el ayuno se torna infructuoso si la misericordia no lo fecundiza: lo que es la lluvia para la tierra, eso mismo es la misericordia para el ayuno. Por más que perfeccione su corazón, purifique su carne, desarraigue los vicios y siembre las virtudes, como no produzca caudales de misericordia, el que ayuna no cosechará fruto alguno.caridad

Tú que ayunas, piensa que tu campo queda en ayunas si ayuna tu misericordia; lo que siembras en misericordia, eso mismo rebosará en tu granero. Para que no pierdas a fuerza de guardar, recoge a fuerza de repartir; al dar al pobre, te haces limosna a ti mismo: porque lo que dejes de dar a otro no lo tendrás tampoco para ti.

-Del Oficio de Lectura, Martes III de Cuaresma.

La Cuaresma

blank-flier-de-grupos-de-estudioLa Biblia está llena de números simbólicos.  El cuarenta es uno de ellos.  Recordemos que son cuarenta años los que pasa el pueblo de Israel en el desierto.  Cuarenta días y cuarenta noches fueron de diluvio según el libro de Génesis.  Cuarenta los días que Jesús estuvo en el desierto.  Nuestra mentalidad occidental buscaría contar literalmente dichas fechas, pero la mentalidad semita (fuente de gran parte de la Biblia) no se interesa por los datos exactos, sino por el símbolo que transmiten.  ¿Qué quiero decir? Que cuando se habla de cuarenta en la Biblia se hace referencia a un período de preparación, un camino, una situación que prepara para algo grande.

Así, los cuarenta años del desierto del pueblo de Israel le preparan para ingresar a la tierra prometida.  Los cuarenta días de diluvio preparan para la nueva creación y los cuarenta días de Jesús en el desierto le preparan para iniciar la misión encomendada.  Con este trasfondo de “preparación” tenemos en la Iglesia Católica la cuaresma.  Es una cuarentena para alistar el corazón con miras a un gran acontecimiento: la pascua.tentacion-dinerocopy

La Pascua de Jesús es el centro de la fe cristiana.  Pascua significa “paso”. La primera pascua es la pascua judía, el “paso” de la esclavitud a la liberación.  La Pascua de Cristo es el “paso” de la muerte a la vida.  Así, la pasión, muerte y resurrección de Jesús son el punto más alto de celebración de nuestra Iglesia.  No entendemos nuestra fe si no es desde el misterio de la cruz y la resurrección de Jesús.

Luego de comprender la importancia de la Pascua, podemos decir que los cuarenta días de la cuaresma nos preparan para ese gran acontecimiento. Es un nuevo desierto para una nueva tierra prometida.  Un camino que nos conduce para la gran misión: nuestra redención.  La cuaresma no es un fin en sí misma, sino un instrumento para llegar con el corazón listo hacia las fiestas pascuales.

opresic3b3nPara alistar el corazón recordemos el sendero del desierto y acudamos nuevamente a la Biblia: soledad, silencio, sacrificio, oración.  Dejar botado lo que es accesorio y quedarnos con lo realmente importante.  Alejarnos del ruido y afinar el oído para escuchar la voz de Dios.  Practicar la misericordia, la solidaridad, el perdón, la reconciliación.  En pocas palabras, buscar el camino de la conversión.

Quiera Dios que este tiempo nos sirva para poner en cuarentena nuestra vida y podamos con ellos ponernos en marcha hacia el encuentro de su voluntad.

Alistar el corazón en Navidad

comprador-compulsivo-compradora-compulsiva-promocao-liquidacao-desvio-genetico-gen-mark-ellwoodTodos parecen estar alegres. Hay mucha gente en las calles, los comercios cierran más tarde, la comida abunda y las invitaciones y regalos se multiplican. ¿El motivo? La navidad.  Las casas están listas, muchos han comprado ropa para estrenar, la fiesta es contagiosa. Pero ¿sabemos realmente qué celebramos?

La navidad no es cuestión de comprar y vender. No es asunto comercial ni de mercadeo.  La navidad no se rige por las luces de colores, ni por la nieve, ni por el árbol, ni por el simpático abuelo vestido de rojo.  Todo eso es accesorio, no es el centro.v14j

En medio de tanta fiesta, me da miedo que olvidemos lo esencial.  La navidad es un niño que representa la solidaridad de Dios, que se hace uno-de-los-nuestros.  Es la grandeza hecha pequeñez, el amor hecho carne, la esperanza que grita al cielo con voz de bebé.

En la teoría vamos bien. Todos lo sabemos y lo profesamos, en cierto modo.  Sin embargo, debemos hacer vida lo que creemos.  Como Dios lo ha sido con nosotros, hemos de ser solidarios con los demás.  Compartirnos. Abrir el corazón, ayudar, ser instrumento de Dios para hacer el bien.

430951_384292098327463_1710573975_nDe nada sirve tener la mesa llena en navidad si hay personas con hambre en las calles.  De nada sirve iluminar la casa con miles de lucecitas si el corazón está en oscuridad y tiniebla.  De nada sirve desear feliz navidad si no soy capaz de construir la paz en mi propia familia y comunidad.  ¿De qué sirve tener tanto si por dentro estamos vacíos?

Por eso, recuperemos el sentido de la navidad.  Rescatemos en nuestro hogar el encuentro familiar, el perdón, la generosidad y la solidaridad.  Hagamos que este tiempo nos una.  Que no sean los centros comerciales los que nos convoquen, que no sean las compras lo que nos preocupen.  Abramos la Biblia, oremos, acerquémonos al que ha querido poner su morada en medio de hombres y mujeres.

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El nacimiento del niño es la apuesta de Dios por nosotros. Aunque haya abortos, aunque haya guerra, aunque la muerte nos visite con su fuerza destructiva… No hay mal que sea mayor que el amor de Dios.  No todo está perdido.  Hay esperanza y fuerza para seguir avanzando.  Nos toca recordarlo y anunciarlo. Eso sí que vale la pena celebrarlo.   Que no nos baste con tener feliz navidad.  Hagamos que esta navidad también sea feliz para otros.